0:00 Tres hermanos en su juventud recibieron de su señor el mismo oro y las mismas tierras [música] con la misión de aprovechar el tiempo y multiplicar lo recibido. El mayor con los años se lo gastó todo. [música] El del medio, por miedo, escondió su oro y dejó pasar su tiempo. Pero el menor trabajó con propósito y lo multiplicó. Años después, [música] su señor regresó para pedirles cuenta y les dio a cada uno la recompensa que merecían. Quédate hasta el final porque esta historia te hará valorar el tiempo y el dinero. Había una vez en una tierra lejana y bañada [música] por el sol. Vivían tres hermanos jóvenes llamados Nadim, Efraín [música] y Samir. Vivían en una pequeña aldea rodeada de campos dorados, donde el canto de los gallos
0:45 marcaba el amanecer y el trabajo era la ley de cada día. Sus casas eran humildes, pero en medio de la sencillez había algo que los unía. Los tres trabajaban para un mismo hombre, el señor Salomón, un hombre rico, sabio y [música] temeroso de Dios. Cada uno de los hermanos albergaba el mismo sueño en lo más profundo [música] del pecho. Anhelaban tener tierras propias, muchos cultivos y ver crecer rebaños que [música] dieran sustento. Soñaban con cercas de madera, potreros verdes y con el sonido lejano de ovejas y vacas al volver al corral al atardecer. Sin embargo, la realidad los había dejado pobres. Cada uno heredó de su padre una casita sencilla, paredes de
1:32 barro, un techo de lámina que a veces resonaba con la lluvia y nada más que trabajo y manos dispuestas. [música] Eran trabajadores, sí, pero también muy distintos entre sí en la manera de pensar [música] y en cómo administraban el tiempo y el dinero que la vida les daba. Cada uno veía esos dos tesoros de un modo completamente diferente y en esa diferencia se escondía su destino. Nadim, el mayor era un hombre de fuego. Creía que la vida era corta y que el tiempo debía disfrutarse antes de que se escapara entre los dedos. Solía decir, "¿De qué sirve guardar el oro si un día la tierra se lo traga con uno." Por eso, cada moneda que ganaba la
2:17 gastaba en placeres momentáneos, fiestas con amigos que solo lo acompañaban mientras corría el vino. Para él dinero era como el agua. [música] Debía fluir, gastarse, sentirse, porque según él al final todos morimos y nada nos llevamos. Su tiempo lo consumía en el disfrute, sin pensar que el tiempo también podía gastarse como el oro [música] y no volver jamás. Efraín, el del medio, era todo lo contrario. No le gustaban los riesgos ni los cambios. Guardaba cada moneda como si el mundo fuera a [música] derrumbarse mañana. Trabajaba así, pero sin pasión, sin deseo de crecer. Su mayor miedo era perder lo poco que tenía. [música] Solía repetir, "Más vale
3:04 un puñado guardado que un sueño perdido." Su vida se volvió rutina. [música] Trabajar lo justo, comer lo justo y ahorrar sin invertir. Vivía atrapado entre el miedo a la pobreza y la falta de acción. Su tiempo se le escapaba entre la espera y la comodidad, creyendo que la prudencia era lo mismo que la sabiduría. Samir, el menor, era diferente a ambos. Era un joven de corazón sereno y profunda fe en Dios. Creía que toda bendición, por pequeña que [música] fuera, debía ser cuidada y multiplicada, no desperdiciada. Para él era el recurso más valioso de todos y el dinero, una semilla sagrada
3:49 que podía dar fruto si se sembraba con inteligencia y propósito. No gastaba sin sentido, pero tampoco se negaba el placer de vivir y compartir. Lo poco que ganaba trabajando para el señor Salomón lo usaba con sabiduría. Una parte la invertía en aprender, otra en ayudar a quienes lo necesitaban y otra en pequeños proyectos. Samir entendía que la verdadera riqueza no estaba en lo que uno poseía, sino en lo que uno hacía con lo que tenía. Decía con convicción, "El oro puede ganarse o perderse, pero el [música] tiempo el tiempo jamás vuelve. Y si se usa con fe, trabajo y propósito, [música] Dios se encarga del resto. Así los tres hermanos compartían
4:37 la misma tierra, el mismo cielo y el mismo trabajo, pero su manera [música] de usar el tiempo y el dinero marcaba un abismo invisible entre ellos. Uno vivía [música] para gastar, otro para guardar y el tercero para multiplicar. Y aunque aún no lo sabían, el día se acercaba en que el Señor Salomón pondría a prueba sus decisiones y la vida misma les mostraría el precio y la recompensa de cada uno. Un día, cuando el sol se escondía tras los olivares, el señor Salomón mandó llamar a los tres hermanos. los hizo pasar al gran salón de su casa para compartir un banquete. Se sentó frente a ellos, los observó en silencio y dijo con voz pausada pero firme, "Hijos míos, [música]
5:22 quiero enseñarles algo que vale más que todo el oro de esta hacienda. Hijos míos, hay dos cosas que el hombre rara vez comprende hasta que las ha perdido. [música] El tiempo y el dinero. Ambos se le escapan como el viento entre los dedos. Y cuando por fin mira atrás, solo haya vacío. El tiempo es el recurso más valioso que el creador nos dio, porque con él se construyen los sueños, se forma el carácter y se levantan las cosechas. Pero también es el más frágil porque no [música] se puede retener ni recuperar. El hombre necio gasta sus días como quien lanza monedas al río, creyendo que siempre habrá más.
6:08 Se entretiene con placeres que duran un instante y olvida que cada hora tiene un precio [música] que no puede pagar de nuevo. Pero el sabio mide sus pasos y da propósito a su jornada. No corre tras la sombra del ocio, ni siembra su fuerza en [música] la tierra del descuido. Sabe que quien siembra pereza cosechará necesidad y [música] quien desperdicia su juventud se lamentará en la vejez. Muchachos, continuó el Señor Salomón diciéndoles, el dinero, [música] al igual que el tiempo, es un siervo que puede levantar o destruir. No hay mal en tenerlo, pero sí en dejar que gobierne el corazón. El hombre que solo piensa en gastar, vive preso del deseo. Y el que teme usar lo
6:55 que tiene, muere sin haber multiplicado su don. Ambos son esclavos de su propio pensamiento. El dinero debe ser tratado como semilla. No se lanza sin dirección ni se esconde bajo la tierra por temor. Se siembra con propósito, se cuida con prudencia y se espera su fruto con paciencia. He visto hombres que trabajan con afán desde la madrugada hasta el anochecer, pero lo hacen sin propósito, como quien corre en un círculo. También [música] he visto hombres que nada hacen por miedo al fracaso y su pobreza los abraza como una sombra que no los deja. Mas el hombre sabio no se mide por lo que posee, sino por cómo administra lo que se le confía. No teme al trabajo ni
7:42 adora la riqueza. sabe que el valor del dinero no está en gastarlo ni en guardarlo, [música] sino en darle un sentido que trascienda su propia vida. Luego, don Salomón alzó la vista hacia los campos. El tiempo, hijos, [música] es la prueba de la sabiduría. Cada amanecer es una oportunidad [música] que el creador concede para enderezar el camino, para sembrar disciplina, [música] para multiplicar el bien. No digáis, "Mañana lo haré, porque el mañana [música] no pertenece al hombre. La diligencia abre puertas donde otros solo ven muros. El esfuerzo constante, aunque parezca pequeño, construye fortunas invisibles que un día se hacen visibles. Guardó silencio por un momento y
8:27 continuó [música] su voz resonando como una campana antigua. Hay quien gasta su [música] tiempo y dinero en placeres y olvida que los placeres no compran descanso. Hay quien guarda su tiempo y oro bajo llave y no entiende que el miedo empobrece más que la carencia. Y hay quien trabaja con propósito, honra el tiempo, [música] cuida sus recursos y bendice con ellos. Y a ese [música] el creador le añade más. Porque todo lo que se usa con sabiduría crece y todo lo que se descuida muere. [música] Aún cuando esté en abundancia, el sabio se levantó, tomó su copa y concluyó, muchachos, ustedes están jóvenes aún. [música] El tiempo no espera, el dinero no
9:13 perdona y la vida no [música] repite las oportunidades. Aquel que aprende a valorar ambos encontrará abundancia no solo en sus manos, sino también en su alma. Pero aquel que desperdicia sus días y su esfuerzo [música] terminará sirviendo al que supo aprovechar los suyos. Los hermanos guardaron silencio. No hubo necesidad de preguntas ni respuestas. Las palabras del Señor Salomón habían tocado lo más profundo de sus pensamientos, [música] aunque él jamás mencionó sus nombres. Cada uno sintió que el sabio había hablado directamente [música] a su corazón. Cuando terminaron, Salomón se puso en pie con la calma de quien lleva consigo una decisión antigua.
9:59 "Acompáñenme", dijo con voz firme. Los tres hermanos lo siguieron hasta los campos que se extendían detrás de la hacienda. El viento soplaba suave, [música] moviendo las espigas doradas como un mar de oro. Desde allí se veía toda la extensión de las tierras, colinas, pastos verdes y corrales que se perdían en el horizonte. Salomón se detuvo frente a ellos. He observado vuestro trabajo durante años, dijo. Y ha llegado el momento de ver qué habéis aprendido. El hombre sabio no mide su crecimiento por las palabras que [música] escucha, sino por los frutos que produce con ellas. mandó a traer tres ciervos que llevaban consigo tres bolsitas de cuero
10:44 pesadas por el sonido de las monedas que guardaban. También señaló tres porciones de tierra separadas entre sí por pequeños arroyos. "A cada uno de ustedes, continuó el [música] sabio, les entregaré una parte de mis tierras y una bolsa de oro. No es un regalo, es una responsabilidad. El oro que os doy representa el trabajo, la oportunidad y el tiempo que se os confía. Estas tierras, por su parte, representan vuestra vida. Pueden florecer o llenarse de espinos según el cuidado que les déis. El viento hizo danzar su túnica mientras hablaba. Yo me iré por un tiempo. Nadie sabe cuánto, ni [música] ustedes ni yo. Pero cuando
11:30 regrese, observaré los frutos de su labor y entonces [música] veremos quién supo entender lo que hoy les enseñé. No olviden, el oro [música] puede perderse y volver a ganarse, pero el tiempo no regresa jamás. Adminístrenlo con sabiduría, [música] porque quien honra el tiempo y siembra con propósito, cosechará abundancia. Salomón levantó las manos y bendijo las tierras. Que la sabiduría del Altísimo los guíe en cada decisión y que sus obras sean dignas del [música] tiempo que se les concede. Colocó una bolsa de oro en las manos de cada hermano. Nadim la sostuvo con brillo en los ojos, imaginando lo que podría comprar. Efraín
12:15 [música] la miró con recelo, como quien teme perderla. Y Samir, con gratitud silenciosa la sintió como un peso sagrado. Luego Salomón montó en su caballo, acompañado de algunos siervos, y partió por el camino que se perdía entre los olivos. Los tres hermanos quedaron mirando el polvo levantado por sus pasos mientras el sol, en su último destello, doraba [música] las bolsas de oro que brillaban entre sus manos. Ninguno lo sabía, pero aquel sería el comienzo de la prueba que revelaría el verdadero valor que cada uno daba al tiempo y [música] al dinero. Aquella noche, los tres hermanos se reunieron bajo un gran [música] árbol cerca del
13:01 arroyo que separaba sus tierras. Aún sentían el peso del oro en sus manos y las palabras de don Salomón resonaban en sus mentes. Samir [música] fue el primero en romper el silencio. Hermanos, dijo con voz tranquila, nuestro Señor nos ha confiado algo grande, no solo su oro, sino su confianza. ¿Qué piensan hacer con lo que nos ha entregado? ¿Cómo usarán su tiempo [música] y su riqueza? Nadim sonrió con seguridad y respondió, "Yo quizás invierta un poco para hacer crecer lo que tengo, pero de nada sirve acumular. Cuando uno muere, nada se lleva. Así que disfrutaré de la vida mientras pueda. Comeré bien, vestiré bien y celebraré
13:48 cada día. El tiempo es para vivirlo, no para gastarlo en preocupaciones. [música] Efraín asintió con la cabeza, mirando la bolsa que tenía en sus manos. En eso tienes razón, hermano, pero también hay que tener cuidado. Nuestro señor se demorará en volver y si arriesgo este oro y lo pierdo, podría ganarme su castigo. Mejor lo guardaré hasta que regrese. No quiero problemas. Prefiero pasar los días tranquilos, trabajando lo justo para vivir. Al fin y al cabo, el tiempo es largo y no hay que agotarse demasiado. Nadim [música] soltó una carcajada y lo miró con burla. Entonces vivirás pobre toda la vida, hermano. El que no arriesga no gana. Efraín se
14:36 encogió de hombros mientras Samir los observaba en silencio. ¿Y tú, Samir?, preguntó [música] Nadim. No me digas que piensas hacer lo mismo de siempre, trabajar, ahorrar e invertir como si la vida fuera solo esfuerzo. Eso sería una tontería. Después de todo, quizás nuestro Señor ni regrese. Samir respiró hondo y miró el horizonte, [música] donde el sol se ocultaba entre espigas doradas. No sé qué pasará", dijo, "pero sé que cada día y cada moneda tienen un propósito. [música] El tiempo es el campo donde uno siembra y el dinero la semilla. Si usamos bien el tiempo, [música] el oro crecerá, pero si lo desperdiciamos, se perderá todo." Sus
15:23 hermanos rieron sin entender del todo sus palabras. "Hermano, eres un tonto. ¿Y qué tal si nuestro patrón te quite al final? Que pase lo que Dios quiera", [música] respondió Samir. "Lo único que sé es que administraré cada moneda que mi Señor me ha dado y el Eterno me dará la sabiduría." Esa noche cada uno regresó a su casa con una idea distinta en el corazón. Pero antes de dormir, Samir se arrodilló junto a su pequeña mesa, encendió una lámpara de aceite y elevó su voz al cielo. "Oh, Dios!" susurró. "Mi Señor me ha entregado algo valioso. Te pido sabiduría para administrar este don y que todo tenga un propósito divino.
16:09 Quiero dar una vida mejor a mi futura familia. Y si tú vas conmigo y me bendices, apartaré un 10% [música] de las ganancias para ayudar a los necesitados." Con el corazón en paz se acostó confiando en que el eterno guiaría [música] sus pasos. Al amanecer, los tres hermanos se levantaron con el canto de los gallos. El aire era fresco y el rocío cubría los campos como un manto de esperanza. Samir, antes de salir, se arrodilló y dio gracias a Dios por el nuevo día. Luego [música] tomó su bolsa de oro y caminó hacia las tierras que su señor le había confiado. Al llegar, observó el terreno con atención. La tierra era
16:55 buena, fértil, pero requería trabajo. Entonces oró en silencio, Señor, dame sabiduría para hacer florecer lo que me has [música] confiado. Y así lo hizo. Con el oro que tenía, contrató algunos trabajadores humildes del pueblo, compró semillas y herramientas y comenzó a planificar todo cuidadosamente. Llevaba consigo un pequeño cuaderno de cuero donde anotaba cada gasto, cada siembra y cada idea que nacía en su corazón. No quería desperdiciar ni una moneda ni un día. [música] Efraín, en cambio, miró sus tierras con cierta duda. No tiene sentido apresurarse, dijo mientras miraba la bolsa en sus manos.
17:43 Primero veré cómo les va a mis hermanos, luego [música] decidiré. Además, tengo miedo de que pierda este oro que mi Señor me ha confiado. No me arriesgaré. Me iré a mi casa y dormiré. Viviré con lo poco que tenga. Así regresó a su casa dejando pasar los días entre la comodidad y [música] la indecisión. Nadim, por su parte, también se puso manos a la obra. Contrató trabajadores, compró animales y comenzó [música] a invertir parte del oro. Durante un tiempo todo parecía marchar bien. Sus tierras daban fruto. Tenía siervos que lo servían y su nombre empezaba a ser conocido en las aldeas cercanas.
18:28 Mientras tanto, Samir [música] trabajaba con disciplina y fe. No desperdiciaba nada. Cada semilla, cada jornada, cada amanecer era [música] una oportunidad para crecer. agradecía al creador por lo poco o mucho que tenía y repartía parte de sus ganancias entre los pobres del pueblo, recordando su promesa ante Dios. Así, con el [música] paso del tiempo, los caminos de los tres hermanos comenzaron a tomar rumbos muy distintos. Pasaron los meses y los campos se extendían bajo un cielo dorado y los frutos del trabajo o de la negligencia comenzaban a notarse. Una tarde, los tres hermanos se reunieron frente a sus tierras. El viento movía las espigas y
19:15 el sol de locao les daba un brillo cálido, como si el mismo cielo quisiera observar aquella conversación. Samir, con serenidad fue el primero en hablar. Hermano Nadim, veo que tus tierras han dado fruto. Tienes ganado siervos y abundancia. Parece que te ha ido bien. [música] Nadim sonrió satisfecho, cruzando los brazos orgullosamente como si ya lo tuviera todo. Así es, hermano. El oro de nuestro Señor se multiplicó. Pero, ¿de qué sirve tanto trabajo si no se disfruta? He decidido darme algunos gustos. La vida es corta y quiero aprovecharla mientras puedo. Gastaré porque ahora tengo abundancia. Al fin de cuentas, el día que uno se muere nada se
20:02 lleva hermano. Samir lo miró con calma, sin juzgar, y luego volvió su vista hacia Efraín. Hermano [música] Efraín, tus tierras son fértiles, pero están cubiertas de maleza. No has sembrado nada, no hay ganado. No hay siervos. ¿Por qué? Efraín bajó la mirada rascándose la cabeza. Me da [música] miedo, Samir. Si invierto y pierdo lo que nuestro Señor me confió, su castigo podría ser grande. Prefiero [música] esperar. Mientras tanto, sobrevivo con lo poco. Tal vez después comience. Mientras regrese mi señor, dormiré. Samir suspiró y su voz tomó un tono
20:47 firme pero compasivo. Hermanos, ¿acaso habéis olvidado lo que nos enseñó nuestro patrón? El tiempo es como el agua que corre entre los dedos. Una vez se va, no vuelve. Y el dinero, si no se pone a trabajar y se gasta sin sentido, se convierte en polvo. [música] Nuestro patrón nos dijo que llegaría el día en que miraríamos atrás y que ninguno de nosotros quisiera encontrarse vacío, sin fruto, sin propósito, [música] solo con arrepentimiento. Samir guardó silencio por un momento [música] y luego añadió, "El tiempo que desperdiciamos hoy será el llanto de mañana. Mientras somos [música] fuertes, debemos construir. Mientras hay sol
21:33 debemos sembrar. No dejéis que el miedo ni el placer cieguen vuestro [música] entendimiento. Porque el que duerme cuando debe sembrar despertará cuando ya no haya cosecha. Pero más, sin embargo, su ignorancia los consumía. Nadim susurró con orgullo, hermano, qué tonto eres. ¿Quién se va a arrepentir en la vejez? Yo no me arrepentiría [música] porque me llevo el orgullo de haber gastado y disfrutado. Efraín también añadió, así es, hermano. Yo no quisiera arrepentirme de haber perdido. Mejor quiero estar tranquilo y [música] vivir con lo poco. Aunque ellos respondían de esa manera, las palabras de su hermano parecían eco de las enseñanzas de don Salomón, pero también
22:20 eran [música] un espejo donde cada uno veía su propio reflejo. Pasaron los años [música] y los días se fueron convirtiendo en estaciones y las estaciones en memoria. El sol seguía su curso sobre los campos, pero ya no todos brillaban igual. Los tres hermanos ya eran adultos. Nadim tenía 50, Efraín 48 y Samir tenía 46 años. Samir desde el alba oraba y daba gracias al Eterno. Con sabiduría y diligencia había administrado lo que su Señor le confió. Invirtió con prudencia en conocimiento, [música] contrató buenos trabajadores, obtuvo mucho ganado y cosechas. Cuidó la tierra y trató a sus siervos con justicia. Cada siembra daba fruto abundante y de
23:07 cada ganancia apartaba su 10% para ayudar a los pobres y huérfanos de la aldea y sus alrededores. Su hacienda prosperaba, sus rebaños se multiplicaban [música] y su corazón permanecía firme en humildad. Samir no se gloriaba de su éxito. Sabía que todo provenía de la bendición de Dios y del buen uso del tiempo que le había sido concedido. Tenía una hermosa familia. Nadim, [música] en cambio, comenzó con muy bien. Sus tierras florecieron al principio [música] y sus ganancias fueron muchas, pero pronto su corazón se desvió. Se dejó seducir por el brillo de los placeres y por la falsa seguridad de la abundancia. Gastaba sin medida. [música] Celebraba
23:54 banquetes cada noche. Gastaba en mujeres, vestía con lujo y contrataba músicos y danzarinas. Poco a poco comenzó a quedar en quiebra. Sus trabajadores, al ver su falta de juicio, comenzaron a abandonarlo. Uno aún no se fueron y sus campos quedaron sin cuidado. Cuando el oro comenzó a escasear, vendió su ganado para sostener sus excesos. Pero la bolsa que un día don Salomón les entregó con el oro terminó vacía como su alma. Se lo gastó todo. Nadim, el que había tenido mucho, se quedó solo con una tierra seca, [música] sin amigos y sin propósito. Efraín, por su parte, seguía viviendo en la quietud [música] del
24:40 miedo, la pereza y la procrastinación. Cada día abría su cajita de madera donde guardaba las monedas que don Salomón le confió. [música] Las contaba, las miraba y las volvía a encerrar con llave. Decía, "Aún no es tiempo. Cuando esté seguro, sembraré. No arriesgaré." Pero los días se hicieron meses y los meses años, y el tiempo le robó lo que nunca se atrevió a invertir por miedo. Su campo permanecía yermo, cubierto de maleza, mientras él envejecía rodeado de pobreza, convencido de que había sido prudente, [música] cuando en realidad solo había sido esclavo del temor. Samir, [música] en cambio, aprovechó
25:26 bien el tiempo y el oro, se fortalecía más con cada [música] amanecer. Había aprendido que quien usa el tiempo con propósito y el dinero con sabiduría, honra al creador, porque multiplica [música] lo que le fue dado. Y así, mientras uno perdió su tiempo y su dinero en placeres, el otro enterró [música] su tiempo y el oro en la pereza, la procrastinación y el miedo. Samir halló bendición en la diligencia, la fe y la obediencia. [música] El tiempo había pasado y los días se llevaron consigo la juventud de los tres hermanos. Un amanecer. La noticia recorrió la aldea como un eco de los viejos tiempos. Todo el mundo en la región decía, "Don Salomón ha
26:12 regresado." A sus 85 años su cabello era blanco como la lana, pero su mirada seguía firme, encendida por la sabiduría y la vida que Dios le había concedido. Se decía que su andar aún era firme y su voz, aunque serena, mantenía el peso de la autoridad. Los tres hermanos, ya hombres maduros, fueron llamados a su presencia. Cuando llegaron ante su patrón, él lo saludó amablemente. "La paz sea con ustedes", dijo el anciano con voz profunda. "Ha pasado mucho tiempo desde que partí y ahora he regresado para ver qué habéis hecho con lo que os confié. Vayamos a la cima del cerro y mostradme vuestras tierras y el
26:58 oro que os entregué. Deseo ver los frutos de vuestro trabajo, [música] pues el tiempo y la riqueza que se entregan a un hombre deben dar testimonio de su corazón. Al oír esto, Nadim y Efraín tragaron [música] grueso. Sus rostros se llenaron de nervios y remordimiento. Pensaban en algún castigo severo, mientras Samir, sereno, bajó la cabeza en señal de respeto y agradecimiento al eterno. Subieron juntos al cerro y desde lo alto se divisaban las tres tierras, una árida, otra cubierta de maleza y una tercera llena de cosechas, [música] animales y vida. Don Salomón habló. Ven, Nadim, muéstrame
27:43 [música] tu tierra y lo que hiciste con las monedas que te confié. Nadim dio un paso al frente con la voz temblorosa. Oh, mi Señor, mira mi tierra, la que queda al sur. Don Salomón las observó y le preguntó, "¿Por qué está árida?" Nadim respondió, [música] "Oh, mi Señor, al principio floreció y gané mucho, pero cuando vi la abundancia, comencé a disfrutar de los placeres, a gastar sin medida. Creí que nunca se acabaría. Festejé, [música] bebí, reí y cuando abrí los ojos, el oro se había ido y mi tierra quedó vacía." Don Salomón lo miró con tristeza. Siervo mío, ¿no entendiste que el placer es como agua que se derrama sobre arena?
28:31 El tiempo y el oro se te escaparon entre los dedos porque viviste solo para el momento. Luego el anciano volvió su mirada hacia Efraín. Ven tú ahora, muéstrame tus tierras. Efraín avanzó con vergüenza, mirando al suelo. Mi Señor, mis tierras son las del oriente. [música] Don Salomón le preguntó, "¿Por qué las veo en rastrojada? No veo ganado, no veo [música] cosechas ni siervos a tu servicio." Efraín respondió con voz temblorosa, "Mi señor, tuve miedo. Pensé que si [música] invertía y perdía, usted me castigaría. Así que guardé las monedas en una caja, las cuidé como un tesoro y esperé el momento perfecto,
29:18 pero nunca llegó. Las tierras se llenaron de hierba y yo me conformé con vivir de lo poco. Don Salomón suspiró profundamente. Siervo [música] mío, ¿no comprendes que el miedo es el ladrón más silencioso de todos? Roba el tiempo, seca la tierra y encadena el alma. No hacer nada también es perderlo todo. La pereza y la procrastinación solo te llevarán a la pobreza. Finalmente miró a Samir. Ven, Samir, muéstrame lo que hiciste con lo que te confié. Samir se inclinó con humildad y habló con voz firme. Mi Señor, mi tierra es la del norte. Don Salomón observó con asombro y dijo, "Oh
30:05 siervo fiel, veo abundancia en tu tierra. Samir respondió, "Mi señor, al recibir sus monedas, pedí al Altísimo sabiduría para administrarlas. [música] Invertí en la tierra, contraté obreros, cuidé cada siembra y cada bestia. El Eterno bendijo mis esfuerzos y lo que me diste se multiplicó. Con lo que gané ayudé a los pobres y alimenté a los huérfanos. Su oro no fue enterrado ni gastado en [música] vanidad, sino sembrado con propósito. Don Salomón sonrió con satisfacción y sus ojos se humedecieron. Bien, siervo fiel, has entendido la lección del tiempo y del dinero, porque
30:50 supiste que el oro sin propósito se pierde y el tiempo sin acción se desvanece. [música] Fuiste diligente, constante y agradecido. Por eso el eterno bendecirá tu descendencia y tu nombre será recordado como el de un hombre sabio y justo. [música] El anciano se volvió hacia los otros dos y les dijo con voz llena de compasión: "Aprended de vuestro hermano. El tiempo no espera y las riquezas sin propósito se disuelven. Uno gastó su vida en placer, otro la escondió en miedo, pero el sabio la sembró en propósito. Nadim y Efraín se miraron entre sí con el rostro pálido. Sus ojos reflejaban
31:35 arrepentimiento y temor. Dieron un paso al frente y cayeron de rodillas ante don Salomón. "Oh, mi Señor", dijo Nadim con voz temblorosa, "Hemos sido insensatos. No supimos valorar lo que nos confiaste. Dinos, ¿qué será de nosotros ahora? ¿Nos echarás de tus tierras? ¿Nos castigarás por nuestra necedad?" El anciano guardó silencio por un instante, apoyado en su bastón, y una brisa suave movió su túnica. Luego habló con voz serena, cargada de autoridad y misericordia. No os echaré ni os condenaré. La vida misma ya os ha corregido. Las tierras vacías y las monedas pérdidas son fruto de vuestras propias
32:21 decisiones. [música] Pero toda enseñanza tiene un precio y toda falta una consecuencia. Los hermanos levantaron la mirada con esperanza [música] mientras don Salomón continuó. Vuestras tierras serán entregadas a vuestro hermano Samir, el único que supo entender el valor del tiempo y del oro. A él confiaré también las monedas, pues demostró ser digno de ellas. Y vosotros desde hoy seréis sus siervos, no por castigo, sino para que aprendáis de su ejemplo. Nadim bajó la cabeza con vergüenza y Efraín derramó lágrimas en silencio. "Mi señor", dijo Efraín entre soyosos, "y si trabajamos con humildad y
33:07 aprendemos de lo que hicimos mal." Don Salomón asintió con una leve sonrisa. Si hacéis eso, el eterno os mirará con misericordia, porque el hombre que reconoce su error y se levanta [música] es más sabio que aquel que nunca cayó. Pero recordad esto, el tiempo perdido no vuelve y el dinero sin propósito se desvanece como polvo al viento. [música] Entonces el anciano miró a Samir, que permanecía de pie, sereno y agradecido. Tú, Samir, no los desprecies ni los oprimas. Enséñales como yo te enseñé a ti. Sé para ellos como el buen árbol que da sombra a quien se equivocó en el camino. Samir se inclinó ante su señor. Así lo haré, mi
33:54 Señor. Que el Altísimo me dé sabiduría para guiarlos y misericordia para no juzgar. Don Salomón extendió su mano sobre ellos tres y dijo con voz firme, "Que esta lección quede grabada en vuestro corazón y por muchas generaciones. El tiempo y el dinero son dones [música] del creador. Uno se gasta y no vuelve, el otro se pierde si no se siembra. Pero ambos, usados con fe y propósito, [música] se transforman en bendición eterna." Luego, don Salomón se retiró dejando a los tres hermanos a solas. Nadim y Efraín, con el corazón conmovido, se acercaron a Samir, lo abrazaron con humildad y dijeron, "Hermano, tenías
34:41 razón. Fuimos necios y negligentes. No supimos valorar el tiempo ni lo que se nos confió. Ahora estamos a tu servicio y haremos lo que creas justo. Samir, con mirada serena, lo sostuvo del hombro y respondió, [música] "No sois mis siervos, sois mis hermanos. Aprendamos juntos y que este sea el comienzo de una nueva siembra." Y así, mientras el sol caía tras las colinas, los tres hermanos aprendieron que el hombre que entiende el valor del tiempo y [música] del dinero honra a Dios con su vida. Porque el tiempo es el talento más precioso que el creador nos da y el dinero [música] solo una herramienta para hacer el bien. Amigo, me alegro
35:27 mucho que hayas llegado al final de este video. Comenta la frase Dios, dame sabiduría para administrar mi tiempo y mi dinero. No olvides suscribirte para más historias y recuerda que hay más historias en tu pantalla. [música] Muchas gracias. Nos vemos en el próximo