Breve Resumen
Este video de Academia Play analiza la geopolítica mundial en el siglo XXI, destacando el ascenso de China, el papel de Estados Unidos, la influencia de Rusia, la situación de la Unión Europea, el auge de la India, la complejidad de Iberoamérica, el potencial de África y los conflictos en Oriente Medio. También examina episodios históricos como la Declaración Balfour y el conflicto entre China y Taiwán.
- Ascenso de China como potencia global y sus implicaciones.
- El papel de Estados Unidos en el orden mundial y sus desafíos internos y externos.
- Las ambiciones de Rusia bajo el liderazgo de Vladimir Putin y sus alianzas estratégicas.
- Los desafíos internos y externos que enfrenta la Unión Europea, incluyendo el Brexit y el auge de movimientos populistas.
- El potencial de la India como potencia emergente y su papel en la región del Indo-Pacífico.
- La complejidad geopolítica de Iberoamérica, marcada por la influencia de potencias extranjeras y desafíos internos.
- El potencial de África y los conflictos internos que enfrenta, así como la competencia por sus recursos.
- La inestabilidad y los conflictos en Oriente Medio, incluyendo las tensiones entre Irán y Arabia Saudí y el conflicto israelí-palestino.
La geopolítica mundial en el siglo XXI
La geopolítica mundial actual se caracteriza por dinámicas complejas y cambiantes, incluyendo el ascenso de nuevas potencias, desafíos globales como el cambio climático y conflictos armados. China ha emergido como una potencia global, desafiando el orden internacional liderado por Estados Unidos. China utiliza su poder económico para expandir su influencia a través de iniciativas como la Franja y la Ruta, aunque esto ha generado críticas por prácticas de endeudamiento y acusaciones de neoimperialismo. La creciente presencia militar de China en el Mar del Sur de China y su postura en cuestiones territoriales han provocado tensiones con sus vecinos y con Estados Unidos. Las violaciones a los derechos humanos en Xinjiang y la represión en Hong Kong también han afectado la imagen de China. El gobierno chino utiliza tecnología avanzada de vigilancia y censura la actividad en línea de sus ciudadanos. Además, China controla la producción y procesamiento de tierras raras, lo que ha generado tensiones geopolíticas, especialmente con Estados Unidos. El interés de China en Taiwán está condicionado por la importancia estratégica de los semiconductores fabricados en la isla, intensificando las tensiones internacionales en la región.
Estados Unidos
Estados Unidos ha sido el actor dominante en la geopolítica mundial desde mediados del siglo XX. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia mundial, aunque China está ganando terreno. Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 marcaron un hito, llevando a Estados Unidos a declarar la guerra contra el terrorismo e invadir Afganistán en 2001 e Irak en 2003. La guerra en Irak resultó en una prolongada ocupación y críticas internas y externas debido al costo humano y económico. A pesar de seguir siendo la primera economía y tener el ejército más poderoso, el liderazgo de Estados Unidos es cuestionado internamente por la polarización política y las crisis económicas, y externamente por la competencia con China y Rusia. La retirada de su ejército de Irak y Afganistán, así como la retirada del acuerdo de París sobre el cambio climático durante la administración de Donald Trump, son ejemplos de estos desafíos.
Rusia
Bajo el liderazgo de Vladimir Putin, Rusia ha buscado restablecer su influencia global y regional. Las acciones de Rusia en Ucrania, incluyendo la anexión de Crimea en 2014 y la invasión de Ucrania en 2022, han generado tensiones significativas con Occidente. La intervención militar rusa en Siria y su influencia en otras partes del mundo demuestran su ambición de ser un actor clave en la política internacional. Rusia ha sido criticada por sus ambiciones imperialistas, tácticas de desinformación e interferencia electoral. Para fortalecer su posición, Rusia mantiene alianzas estratégicas con países como China e Irán. La cooperación con Irán, principalmente en el ámbito militar y nuclear, ha creado un eje de resistencia frente a la influencia estadounidense en Oriente Medio. La cooperación con China se ha intensificado en áreas de comercio y energía, contrarrestando la presión occidental. Las sanciones económicas impuestas por Occidente han tratado de limitar la capacidad de Rusia para proyectar poder a largo plazo, ya que la economía rusa depende en buena parte de sus recursos naturales, incluyendo el gas natural.
La Unión Europea
La Unión Europea sigue siendo una entidad única en la geopolítica mundial, con su enfoque en la integración económica y política. Sin embargo, enfrenta problemas significativos que amenazan su cohesión. El Brexit ha sido uno de los eventos más disruptivos en la historia reciente del bloque, generando incertidumbre sobre el futuro de la integración europea. Además, la Unión Europea enfrenta desafíos internos como el auge de movimientos populistas y nacionalistas, la gestión de la crisis migratoria y la necesidad de una mayor cooperación en política exterior y defensa. Ha habido intensos debates sobre la necesidad de que los países miembros aumenten su gasto en defensa al 2% del PIB, según la meta establecida por la OTAN. A pesar de sus dificultades internas, la Unión Europea sigue siendo un actor influyente en cuestiones económicas y de derechos humanos, sobre todo en cuestiones climáticas. La Unión Europea se ha comprometido a convertirse en el primer continente climáticamente neutro para 2050 con iniciativas como el Pacto Verde Europeo.
La India
La India enfrenta dificultades internas significativas como la desigualdad económica, tensiones religiosas y sociales, y la necesidad de modernizar su infraestructura y sistemas de gobernanza. Sin embargo, la India, con su gran población y economía en crecimiento, se está posicionando como una potencia emergente en la geopolítica mundial. Su papel en la región del Indo-Pacífico, su competencia estratégica con China y su creciente cooperación con Estados Unidos, Japón y Australia en el marco del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad son elementos clave de su estrategia geopolítica. La India busca equilibrar sus relaciones internacionales y maximizar sus beneficios, y también forma parte de los BRICS, un grupo de cooperación internacional compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Los objetivos principales de los BRICS incluyen la reforma de instituciones financieras globales, la promoción del comercio y la inversión entre los países miembros y el fortalecimiento de su influencia colectiva en asuntos globales. Las Naciones BRICS tienen sistemas políticos muy diferentes, con Rusia y China siendo regímenes autoritarios, mientras que Brasil, India y Sudáfrica son democracias.
Iberoamérica
Iberoamérica es una región con una geopolítica compleja, marcada por la influencia de potencias extranjeras y desafíos internos. Estados Unidos ha tenido una influencia histórica en la región, pero en los últimos años China ha aumentado su presencia a través de inversiones y comercio. Rusia también ha buscado aumentar su influencia en Iberoamérica, principalmente a través de la venta de armas y la cooperación energética. Los países iberoamericanos atraviesan lacras como la corrupción, la violencia, el narcotráfico, la desigualdad y la inestabilidad política. Estos factores limitan su capacidad para desempeñar un papel más prominente en la geopolítica global. Los recursos naturales como el petróleo en Venezuela, Brasil y México también juegan un papel crucial en las economías de los países iberoamericanos y en la atracción de inversiones extranjeras. Otro recurso natural importante es el litio, fundamental para las baterías de iones utilizadas en dispositivos electrónicos y vehículos eléctricos. La creciente demanda de estos recursos ha provocado disputas y conflictos en países ricos en litio. Las naciones iberoamericanas intentan aumentar su influencia en foros internacionales y bloques regionales, como el Grupo de Puebla, una organización de líderes y ex líderes progresistas de América y España.
África
África es un continente con un potencial significativo debido a sus vastos recursos naturales y su joven población. A pesar de la reducción de la mortandad infantil y la pobreza, sigue inmerso en numerosos conflictos internos, sus gobiernos son débiles y las enfermedades, la desnutrición y la pobreza extrema siguen sin atajarse por completo. La influencia extranjera en África sigue siendo fuerte, con potencias como China, Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia compitiendo por sus recursos y materias primas. Un ejemplo significativo es la República Democrática del Congo, el mayor productor mundial de cobalto, crucial para las baterías recargables. La minería de cobalto en el Congo democrático ha sido asociada con condiciones laborales precarias, trabajo infantil y conflictos armados. La Unión Africana y otros mecanismos regionales intentan fomentar la integración y el desarrollo en el continente africano. Una de sus preocupaciones es el Sahel, una región que enfrenta un complejo conflicto geopolítico y una grave crisis humanitaria debido a las sequías y a conflictos armados con la presencia de grupos extremistas. La estabilidad del Sahel es vital para controlar la migración hacia Europa y por cuestiones de seguridad.
Oriente Medio
Oriente Medio sigue siendo una de las regiones más inestables y conflictivas del mundo. Las guerras en Siria y Yemen, las tensiones entre Irán y Arabia Saudí y el conflicto israelí-palestino son solo algunos de los desafíos que afectan la estabilidad regional. El petróleo es un factor crucial, ya que su control y distribución influyen en las alianzas y enemistades. Sin embargo, también hay tendencias emergentes que están reconfigurando la geopolítica de la región. Los Acuerdos de Abraham, que normalizan las relaciones entre Israel y varios países árabes, son un ejemplo de cómo las alianzas y enemistades en el Medio Oriente están cambiando.
Conclusión
Además de las dinámicas entre actores estatales, la geopolítica mundial del siglo XXI está fuertemente influenciada por desafíos globales que requieren cooperación internacional. Desafíos como el comercio, el acceso a los recursos naturales, la gestión de las crisis sanitarias, las guerras, el terrorismo o el cambio climático están reconfigurando las políticas nacionales e internacionales. La tecnología, especialmente en áreas como la inteligencia artificial, la ciberseguridad y las comunicaciones, también están transformando la geopolítica. La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, las preocupaciones sobre la privacidad y la seguridad y el impacto de las redes sociales en la política y la sociedad son aspectos críticos de esta transformación. En un mundo cada vez más interconectado, la cooperación y el entendimiento mutuo serán clave para enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades que se presenten.
Episodios históricos cuyas consecuencias aún resuenan en la actualidad
El 2 de noviembre de 1917, Arthur Balfour remitió una carta a Lord Rothschild anunciando el apoyo del gobierno británico a la creación de un hogar nacional judío en Palestina. En 1915, Henry McMahon había remitido cartas al jerife de la Meca, Hussein bin Ali, para promover una revolución árabe contra el dominio otomano. En 1916, se firmó el acuerdo secreto Sykes-Picot entre Francia y el Reino Unido, dividiendo las posesiones del imperio otomano. Tras la Primera Guerra Mundial, Francia y el Reino Unido se dividieron el territorio, lo que llevó al conflicto por Palestina que perdura hasta el día de hoy. El último reino independiente de los judíos fue el del Rey Herodes en el siglo I a.C., que fue incorporado al Imperio Romano. Tras la revuelta liderada por Bar Kojba entre 132 y 135 d.C., el emperador Adriano ordenó la muerte de sus líderes y el exilio del resto de los judíos, marcando el inicio de la diáspora judía. El auge del cristianismo en el siglo IV llevó a la persecución de los judíos. Las tensiones entre los judíos y las autoridades bizantinas hicieron que los judíos vieran con buenos ojos la ocupación de Palestina por parte de los árabes musulmanes en el siglo VII.
El conflicto entre las futuras comunidades Israel y Palestina
Conquistada Palestina en el siglo VII, la cultura helenística cedió su lugar a la árabe. En 1917, los habitantes de Palestina hablaban árabe. La ocupación de Tierra Santa por los cruzados en el siglo XI supuso la persecución de judíos, musulmanes y cristianos orientales. Los musulmanes recuperaron la entente cordial entre religiones previa a las cruzadas. Fuera del mundo islámico, los judíos asentados en tierra cristiana eran sometidos a condiciones más duras. El auge de los nacionalismos del siglo XIX provocó nuevas oleadas antijudías. A mediados del siglo XIX, Moses Montefiore viajó a Tierra Santa para conocer a las comunidades judías, poniendo en marcha medidas para mejorar sus condiciones de vida. La labor de Montefiore se considera el origen del sionismo. A finales del siglo XIX, tras el caso Dreyfus, Theodor Herzl abogó por la creación de un estado judío. Tras las mejoras aportadas por Montefiore, empezaron a llegar colonos judíos de fuera de Palestina que adquirían legalmente tierras a los habitantes del lugar. En el seno del imperio otomano se abrió el debate nacionalista.
Palestina bajo el mandato británico
Hasta la Primera Guerra Mundial, la llegada de nuevos colonos judíos a Palestina fue observada con relativa inquietud por los intelectuales árabes. Tras la Primera Guerra Mundial, la correspondencia entre McMahon y Hussein y la Declaración Balfour condujo a que la situación se deteriorase. Entre 1917 y 1948, Palestina quedó bajo el mandato británico. En ese momento, el 80% de la población eran musulmanes, un 15% judíos y el resto pertenecían a diferentes sectas cristianas. En los años 20 se creó la Agencia Judía para favorecer la inmigración de judíos a Palestina. Esta afluencia provocó la reacción de los extremistas musulmanes dirigidos por Amin al-Husseini, quien auspició las matanzas de 1929. Otra consecuencia fue la consolidación de la Haganá como fuerza de autodefensa judía. Entre 1936 y 1939, la inmigración judía hacia Palestina acelerada por las persecuciones nazis produjo la Gran Revuelta Árabe. La Gran Revuelta provocó la muerte de miles de palestinos musulmanes y de cientos de británicos y judíos, así como la aparición de grupos extremistas judíos como el Irgún. De esta forma se iniciaba abiertamente el conflicto entre las futuras comunidades Israel y Palestina.
La partición del territorio y la guerra de 1948
Derrotada la Alemania nazi en 1945, la ONU puso en marcha una comisión que buscase dar un hogar a los judíos. Finalmente se decidió la creación de dos estados, uno para los judíos y otro para el resto de la población palestina. La partición del territorio fue aprobada el 29 de noviembre de 1947 y los británicos se retiraron de Palestina el 15 de mayo de 1948. Un día antes, Israel declaró su independencia. La violencia se convirtió en una guerra abierta donde Israel hubo de enfrentarse a los países árabes de la zona. Israel logró derrotar a sus enemigos y ampliar los territorios que le había concedido la ONU. El ejército más importante de la región, la Legión Árabe, se limitó a ocupar Cisjordania hasta Jerusalén Este. Egipto se anexionó la Franja de Gaza. De esta manera, el principio de los dos estados no se materializó en 1948 porque la parte correspondiente a la Palestina independiente fue ocupada por los otros países islámicos limítrofes. El final de la guerra de 1948 supuso un importante desplazamiento de numerosas comunidades. Los palestinos que habían quedado en el territorio cedido a Israel se vieron obligados a emigrar.
La guerra de los Seis Días y la guerra del Yom Kippur
En 1952, Gamal Abdel Nasser llegó al poder en Egipto y nacionalizó el Canal de Suez. Esto provocó el ataque conjunto de Francia, Gran Bretaña e Israel, que ocuparon la Península del Sinaí. Pese a la derrota, Nasser se convirtió en el líder del mundo árabe, impulsando un proyecto de unidad política panarabista que abogaba por la desaparición del estado de Israel. Entonces surge la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) bajo la tutela de Egipto. Las agresiones de los nacionalistas palestinos arreciaron, así como los contraataques israelíes, hasta que Israel decidió declarar la guerra a sus vecinos aliados de los palestinos. Esta fue la Guerra de los Seis Días de 1967, donde Israel derrotó a los egipcios, sirios y jordanos, ocupando Gaza, el Sinaí, los Altos del Golán y Cisjordania. La derrota provocó la radicalización de la OLP, cuyo cuartel general se encontraba en Jordania. En septiembre de 1970, el ejército jordano decidió pasar al ataque y expulsar a la OLP de Jordania. En octubre de 1973 estalló la Guerra del Yom Kippur, en la que los ejércitos de Egipto y Siria fueron nuevamente derrotados.
La invasión del Líbano y la primera Intifada
La Guerra del Yom Kippur provocó una crisis mundial cuando los países árabes productores de petróleo decidieron subir el precio del crudo. También abrió el camino de la paz entre Israel y Egipto, firmada en 1979. En el Líbano, en 1975, los enfrentamientos entre las diferentes comunidades religiosas del país habían derivado en una guerra civil que fue aprovechada por la OLP para rearmarse y realizar numerosos ataques sobre Israel. Los israelíes terminaron por invadir el Líbano en 1982, expulsando a la OLP en 1985. En 1979, en Irán, se había producido la Revolución Islámica abanderada por el ayatolá Jomeini. En 1987, con los dirigentes de la OLP exiliados y los rivales de Israel muy debilitados, la violencia de baja intensidad que se vivía en los territorios ocupados estalló en forma de revuelta popular, la Primera Intifada. En agosto de 1990, Irak invadió a su vecino Kuwait, iniciando así la Primera Guerra del Golfo.
Los acuerdos de Oslo y la segunda Intifada
El fin de la Guerra del Golfo volvió a poner en el plano internacional la necesidad de acabar con el conflicto entre israelíes y palestinos, para lo que se convocó una conferencia de paz en Madrid en 1991. Las negociaciones iniciadas en Madrid culminaron en los Acuerdos de Oslo de 1993, que supusieron el fin de la Primera Intifada y en los que se reconoció la existencia de un gobierno propio de los palestinos, la Autoridad Nacional Palestina. Para ello se delimitaron tres grandes áreas: A, B y C, cuyo control político y militar quedaba en manos de la Autoridad Palestina o bajo control israelí. Al tiempo que se desarrollaban los Acuerdos de Oslo, Israel firmaba la paz con Jordania en 1994. El incumplimiento de los Acuerdos de Oslo por parte de Israel volvió a prender la mecha de la revuelta popular palestina en septiembre del año 2000, dando inicio a la Segunda Intifada. La represión israelí contra los manifestantes provocó cientos de muertos. Los palestinos más integristas respondieron con atentados suicidas que también ocasionaron numerosas víctimas civiles. Para poner coto a estos atentados, el gobierno de Israel decidió en el año 2002 la construcción de un muro que rodeara los territorios ocupados.
La retirada de Gaza y la división palestina
La enérgica represión del ejército de Israel, la construcción del muro, el asesinato de Ahmed Yassin en marzo de 2004 y el fallecimiento de Yasser Arafat en noviembre de ese mismo año prácticamente acabaron con la Segunda Intifada. En 2005, Israel decidió retirarse de la Franja de Gaza, que quedaba así totalmente bajo el control de la Autoridad Nacional Palestina. En 2006, en las elecciones parlamentarias palestinas, Fatah fue derrotado por Hamás. Abás se negó a reconocer la derrota y la situación escaló hasta un enfrentamiento armado entre los dos grupos que supuso la muerte de cientos de palestinos. Hamás quedó controlando la Franja de Gaza, mientras Fatah solo ejerce su gobierno sobre Cisjordania. Ese mismo año de 2006, la milicia chiíta del Líbano Hezbolá realizó una incursión en el norte de Israel que motivó una nueva invasión del Líbano por parte israelí. En 2010, se inició la Primavera Árabe, que llevó a Siria a una guerra civil iniciada en 2011 que facilitó la creación del Estado Islámico sunita.
El conflicto entre China y Taiwán
Desde 2012 hasta 2021, la política de Israel y Palestina ha estado marcada por los avatares políticos del Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu, el líder de Hamás Haniya y el presidente palestino Mahmud Abás. Abás se ha negado a convocar nuevas elecciones en Palestina desde el año 2006. Haniya ha propiciado sucesivos conflictos con Israel con numerosas víctimas en 2012, 2014 y 2021. Netanyahu ha obstaculizado el desarrollo de los Acuerdos de Oslo, monopolizando la política israelí desde el año 2009. Consiguió que Estados Unidos trasladara su embajada a Jerusalén en 2018, buscando reforzar las pretensiones israelíes sobre la ciudad Santa, pero al mismo tiempo ha logrado el reconocimiento de varios países islámicos. La viabilidad de un estado palestino y la propia pervivencia de Israel siguen siendo motivo de conflicto después de casi un siglo de enfrentamientos.
El conflicto entre China y Taiwán
El conflicto entre China y Taiwán es una de las cuestiones más complejas y duraderas de la política internacional. Taiwán fue cedida al imperio japonés en 1895 tras la derrota de la China de la dinastía Qing. Tras la revolución de Xinhai, la dinastía Qing colapsó en 1911, estableciéndose la República de China. En la década siguiente, emerge la figura de Chiang Kai-shek, bajo cuyo liderazgo el partido nacionalista chino o Kuomintang tomó las riendas de la República de China. En 1927 estalla una cruenta guerra civil china entre comunistas y nacionalistas. A partir de 1937, nacionalistas y comunistas dejaron sus rencillas para enfrentar juntos al imperio nipón. En 1949, el Kuomintang fue derrotado en el continente y se refugió en Taiwán, haciendo de Taipéi la capital de la República de China. Ese mismo año, Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China con capital en Pekín. La República Popular China consideró siempre a Taiwán como una provincia renegada, insistiendo en su eventual reunificación con el continente.
Las tensiones militares en el estrecho de Taiwán
Las tensiones militares en el estrecho de Taiwán han sido una constante a lo largo de la historia reciente. En 1954 y 1955 estalló la primera crisis del estrecho de Taiwán. Tres años después, la China de Mao prolongó su amenaza entre agosto y septiembre de 1958, mediante un intenso bombardeo de la República Popular China a las islas de Kinmen. El papel de Estados Unidos también fue crucial las dos décadas siguientes. En 1971, la República Popular China reemplazó a la República de China en la ONU. Richard Nixon visitó China en 1972 y en 1979 el presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter decidió reconocer a la República Popular China como el único gobierno legítimo de China. Después de décadas de retórica hostil, China y Taiwán empezaron a tender puentes en los años 80. A pesar de los cambios diplomáticos, Taiwán continuó desarrollándose de manera independiente, adoptando un sistema democrático y convirtiéndose en un importante actor económico. En 1996 se desencadenó la tercera crisis del estrecho, cuando la República Popular China dirigió una tanda de misiles balísticos contra Taiwán.
El incremento del presupuesto de defensa de China
Desde que Xi Jinping asumió la presidencia de la República Popular China en 2013, ha habido un notable incremento del presupuesto de defensa. Esto ha permitido a China mejorar su tecnología militar, incluidas capacidades en ciberseguridad, misiles y la expansión de submarinos y fuerza aérea. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, China aspira a ser la primera potencia mundial del siglo XXI, desbancando a los Estados Unidos. En los últimos años, el espacio aéreo de Taiwán ha experimentado numerosas incursiones por parte de aviones militares de China, desencadenando fuertes protestas del gobierno de Taiwán. La preocupación ha escalado significativamente desde el comienzo del conflicto de Ucrania, incrementando el temor en Taiwán ante la posibilidad de una invasión china. El miedo a una hipotética invasión por parte de la República Popular China ha ocasionado que el gobierno de Taiwán haya dotado a su isla de unas formidables defensas que la convierten en un fortín prácticamente inexpugnable. En caso de guerra, bajo el acta de relaciones con Taiwán de 1979, los norteamericanos se comprometieron a defender Taiwán.
La relevancia geoestratégica de Taiwán
Un elemento clave para comprender la relevancia geoestratégica de Taiwán radica en su posición dominante en la industria global de semiconductores. Este país es responsable de la producción de la mayoría de los microchips que se encuentran en incontables dispositivos electrónicos. Esta centralidad en la fabricación de semiconductores implica una dependencia tecnológica muy significativa hacia la isla de Taiwán a nivel global. Gigantes como Apple, Google, Nvidia, Amazon, Microsoft o Meta dependen directa o indirectamente de los componentes que se ensamblan en las fábricas taiwanesas. Con la creciente integración de la inteligencia artificial en todos los aspectos de la tecnología moderna, la capacidad de Taiwán para producir estos componentes adquiere aún más importancia. En el escenario de un incremento de las tensiones u hostilidades, no solo la cadena de suministro tecnológico, sino también el progreso y la implementación global de la inteligencia artificial podrían enfrentarse a serios desafíos. Eso ha llevado a la Casa Blanca a comprometerse a garantizar la seguridad de la isla, una protección a la que se ha bautizado como "silicon shield".
El estatus de Taiwán en las relaciones internacionales
Cualquier ofensiva sobre Taiwán puede ser desastrosa para China, ya que la República Popular China también es uno de los mayores importadores de semiconductores de Taiwán. Un ataque militar directo sobre Taiwán podría perturbar significativamente la cadena de suministro global de semiconductores, afectando no solo a la economía de Taiwán, sino también a las de China, Estados Unidos y el mundo en general. El estatus de Taiwán sigue siendo una cuestión delicada en las relaciones internacionales. La postura oficial de Taiwán es ambigua respecto a la reunificación, buscando mantener el statu quo. La República Popular China insiste en su política de una sola China y considera a Taiwán como una parte integral de su territorio. Las tensiones entre las dos entidades continúan influyendo en la política regional y global, especialmente en las relaciones entre China y Estados Unidos. La Cumbre de 1992 en Hong Kong marcó un intento de acercamiento entre Pekín y Taipéi, aunque hubo un acuerdo tácito sobre el principio de una sola China. La actual presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, ha rechazado este consenso, subrayando las diferencias en la interpretación de una sola China.
El despertar del Gigante Dormido
Tras décadas de letargo después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, Rusia parece haberse despertado. A finales de 1991, se produjo la disolución de la Unión Soviética en 15 repúblicas independientes. Con el paso de los años, algunos países de la antigua órbita soviética fueron integrándose en la Unión Europea, en la OTAN o en ambas organizaciones. Parecía que la Federación de Rusia iba a ejercer un papel secundario en el nuevo orden mundial, con Estados Unidos a la cabeza como única superpotencia. Tras la llegada al poder de Vladimir Putin en Rusia a finales de los años 90, un nuevo poder se ha ido gestando en las entrañas del gran país del este. La pérdida inicial de influencia de Rusia tras el final de la Guerra Fría ha dado un giro radical en los últimos años. En agosto de 1991, tuvo lugar un fallido golpe de estado contra el gobierno aperturista de Mijaíl Gorbachov. Putin supo jugar astutamente sus cartas al darse cuenta de que el golpe de estado contra Mijaíl Gorbachov no tenía futuro.
La añoranza de Putin por el poder del Antiguo régimen soviético
Durante su largo mandato, la añoranza que siempre ha sentido Putin por el poder del Antiguo régimen soviético es más que manifiesta. Según sus propias declaraciones, fue un error permitir a las repúblicas dejar la Unión Soviética. El colapso de la Unión Soviética supuso el saqueo de la riqueza de Rusia y dejó en una posición muy difícil al país. En el año 2005, incluso llegó a proclamar que el colapso de la URSS fue la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX. A su vez, las sucesivas ampliaciones de la OTAN hacia el este de Europa hicieron alertar al Kremlin. Los intereses de Putin pasaban por consolidar el poder de Rusia como nueva potencia emergente, pero a la vez heredera de la URSS. En los últimos años, ha mostrado un gran interés en lo que concierne a los eventos relacionados con la Segunda Guerra Mundial. Putin considera Ucrania y Rusia como un solo pueblo debido en parte a sus orígenes comunes en la Rus de Kiev, algo que explica sus ansias expansionistas.
Las acciones armadas de Putin
La primera acción armada de Putin la llevó a cabo al comienzo de su gobierno, cuando en el año 1999 interviene en Chechenia tratando de restablecer la administración prorrusa. A principios de agosto del año 2008, estalló un conflicto tras la intervención rusa en las regiones prorusas de Abjasia y Osetia del Sur localizadas en Georgia. La principal motivación para la intervención rusa estaba relacionada con la posibilidad de incorporar a Georgia en la OTAN, a cuya expansión en el este de Europa siempre se había opuesto Putin de forma tajante. Para impedir este ingreso, Rusia reconoció la independencia de las regiones rebeldes de Abjasia y de Osetia del Sur. A finales de 2013, tuvo lugar en Ucrania el llamado Euromaidán o Revolución de la Dignidad, una serie de protestas de signo europeísta que ocasionaron la dimisión del presidente proruso Víktor Yanukóvich. En marzo de 2014, Putin anexionó la Península de Crimea y la ciudad autónoma de Sebastopol a Rusia a través de un referéndum ilegal.
La guerra en el Donbás y la invasión de Ucrania en 2022
Además de la anexión de la Península de Crimea, la guerra estalló con toda su crudeza en abril de 2014 en la región del Donbás, extremo oriental de Ucrania de mayoría prorrusa. Las milicias independentistas, con el apoyo tácito de Rusia, se hicieron fuertes en las provincias de Donetsk y Lugansk, logrando desestabilizar la región. El gobierno ucraniano trató de contrarrestar estas acciones mediante el uso de la fuerza contra los líderes de las regiones rebeldes. Los intentos por llegar a una solución pacífica por parte de la comunidad internacional fracasaron en reiteradas ocasiones. El presidente de Ucrania Volodímir Zelenski fue elegido en 2019 y dejó claras sus ambiciones europeístas, queriendo meter a Ucrania en la OTAN. Entre marzo y abril de 2021, tuvo lugar la mayor concentración de tropas rusas en la frontera ucraniana desde la anexión de Crimea, lo que provocó una severa crisis diplomática. El 21 de febrero de 2022, Putin reconoció la independencia de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk. El 24 de febrero de 2022, empezó la ofensiva militar relámpago de Putin no solo en Donetsk y en Lugansk, sino en todo el territorio ucraniano.
La respuesta de Occidente a la invasión de Ucrania
Las agresiones de Rusia a Ucrania se han justificado, según

