Breve Resumen
Este video explora la crisis de sucesión en España tras la muerte de Fernando VII en 1833, desencadenando la Primera Guerra Carlista y profundas divisiones políticas. Se analiza la Pragmática Sanción, el conflicto entre Isabelinos y Carlistas, las etapas de la guerra, y la posterior lucha entre liberales moderados y progresistas. También se examina la Constitución de 1837, el papel de los generales en la política, la regencia de Espartero y su caída tras el bombardeo de Barcelona.
- La Pragmática Sanción desató un conflicto por el trono entre Isabel y Carlos.
- La guerra enfrentó a liberales (isabelinos) contra absolutistas (carlistas).
- La victoria liberal no trajo la paz, sino luchas internas y el auge de los militares en la política.
La Crisis de Sucesión y la Pragmática Sanción
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, España se enfrenta a una crisis de sucesión debido a la derogación de la Ley Sálica mediante la Pragmática Sanción. Esta ley permitía que las mujeres reinaran, lo que habilitó a Isabel, la hija de Fernando VII, a heredar el trono. Sin embargo, esta decisión desplazó al hermano del rey, Don Carlos, quien se consideraba el legítimo heredero, generando una profunda división en el país. Don Carlos no tardó en reclamar sus derechos, argumentando que la nueva ley era una traición a la tradición española.
El Conflicto entre Isabelinos y Carlistas
La disputa por el trono entre Isabel y Don Carlos polarizó a la sociedad española, dando origen a dos bandos: los isabelinos, que apoyaban a la princesa Isabel y a su madre, la regente María Cristina, y los carlistas, que respaldaban a Don Carlos y defendían el absolutismo y la tradición. Los isabelinos, para asegurar el poder, pactaron con los liberales, mientras que los carlistas se unieron bajo el lema "Dios, patria y rey", defendiendo un rey con poder absoluto, una religión tradicionalista y los fueros, que eran leyes regionales importantes para los campesinos del País Vasco y Navarra.
Las Etapas de la Primera Guerra Carlista
La Primera Guerra Carlista se desarrolló en tres etapas. Inicialmente, los carlistas dominaron las zonas rurales mediante tácticas de guerrilla, pero no lograron tomar las grandes ciudades. En una segunda fase, intentaron extender la guerra por toda España, pero no obtuvieron el apoyo esperado. Finalmente, las divisiones internas en el bando carlista y el avance del ejército liberal, liderado por el general Espartero, llevaron a la victoria liberal, que se selló con el Convenio de Vergara.
La División entre Liberales: Moderados vs. Progresistas
Tras la victoria sobre los carlistas, surgieron tensiones dentro del bando liberal, dividiéndose en moderados y progresistas. Los moderados, apoyados por las clases altas, abogaban por reformas lentas, una monarquía fuerte y la reconciliación con la Iglesia. Los progresistas, respaldados por las clases medias urbanas, buscaban reformas rápidas y profundas, limitar el poder del rey y mayores libertades, desconfiando del clero. Esta división generó inestabilidad política y la necesidad de crear una nueva Constitución.
La Constitución de 1837 y sus Limitaciones
En un intento de conciliar a moderados y progresistas, se promulgó la Constitución de 1837. Este documento establecía la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, reconocía derechos como la libertad de imprenta, pero también otorgaba al rey el poder de vetar leyes. A pesar de hablar de soberanía y derechos, solo el 2% de la población tenía derecho a votar, lo que significaba que el poder real seguía concentrado en una élite adinerada.
El Auge de los Generales y la Regencia de Espartero
La inestabilidad política y el prestigio ganado por el ejército en la guerra carlista llevaron a una etapa de predominio de los generales en la política. La regente María Cristina, identificada con los moderados, fue obligada a exiliarse en 1840. El general Espartero, héroe de la guerra carlista, fue nombrado regente con el apoyo de los progresistas, pero su mano dura y autoritarismo acabaron provocando su caída.
El Bombardeo de Barcelona y la Caída de Espartero
En 1842, una revuelta popular en Barcelona, motivada por el desempleo y un acuerdo comercial perjudicial con Gran Bretaña, puso a prueba a Espartero. Su respuesta fue ordenar el bombardeo de la ciudad, causando cientos de muertos y la destrucción de numerosos edificios. Esta acción brutal destruyó su imagen y le valió la oposición de todos los sectores, incluyendo a muchos progresistas que lo habían apoyado. Finalmente, Espartero se vio obligado a exiliarse en Londres.
Consecuencias y Legado del Periodo
Aunque los liberales ganaron la guerra contra el absolutismo, su incapacidad para ponerse de acuerdo y gobernar juntos dejó una profunda división en España. Este período no resolvió los problemas del país, sino que sembró las semillas de las futuras fracturas políticas que marcarían el siglo siguiente.

