La Inteligencia Emocional – Daniel Goleman | Audiolibro Parte 1

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Resumen Breve

Este texto explora la inteligencia emocional y su impacto en nuestras vidas, destacando cómo las emociones influyen en nuestras decisiones y acciones, a veces superando la razón. Se examina la neurobiología de las emociones, el papel de la amígdala en los secuestros emocionales y cómo las experiencias emocionales tempranas moldean nuestros hábitos emocionales.

  • La inteligencia emocional es crucial para el éxito personal y social.
  • Las emociones pueden desbordar la razón, llevando a acciones impulsivas.
  • El cerebro emocional y el cerebro racional interactúan, pero a veces entran en conflicto.

El Desafío de Aristóteles

Aristóteles planteó que enojarse es fácil, pero hacerlo con la persona correcta, en la medida justa, en el momento adecuado, con el propósito correcto y de la manera correcta, es difícil. El autor ilustra esto con una anécdota sobre un conductor de autobús en Nueva York que, con su actitud positiva, transformó el estado de ánimo de los pasajeros en un día sofocante. En contraste, presenta noticias sobre actos de violencia y descontrol emocional, reflejando una creciente pérdida de control sobre las emociones en la sociedad. El autor argumenta que la ciencia ha avanzado en la comprensión de las emociones, pero la sociedad aún enfrenta una crisis emocional colectiva.

¿Por Qué Esta Investigación Ahora?

A pesar de las malas noticias, la última década ha visto una explosión de investigación científica sobre la emoción, incluyendo el uso de escáneres cerebrales para comprender el funcionamiento del cerebro al pensar, sentir, imaginar o soñar. Estos datos neurobiológicos permiten comprender cómo los centros emocionales del cerebro influyen en nuestras reacciones y cómo podemos canalizarlas hacia el bien o el mal. El autor esperó a que la ciencia ofreciera soluciones para la crisis emocional colectiva, ya que durante años la investigación había ignorado el papel de los sentimientos en la vida mental.

¿Qué Cambios Podemos Llevar a Cabo?

El autor plantea la pregunta de cómo ayudar a los niños a tener éxito en la vida, señalando que el coeficiente intelectual no es el único factor determinante. Argumenta que la inteligencia emocional, que incluye el autocontrol, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad de motivarse, es crucial. Estas habilidades pueden enseñarse a los niños, permitiéndoles aprovechar al máximo su potencial intelectual. Además, destaca la importancia moral de la inteligencia emocional en una sociedad donde el egoísmo y la violencia parecen socavar la bondad colectiva.

Nuestro Viaje

El libro es una guía para comprender las visiones científicas sobre la emoción, con el objetivo de proporcionar una mejor comprensión de las emociones y cómo dotarlas de inteligencia. El viaje comienza con una revisión de la arquitectura emocional del cerebro, explicando cómo la razón puede ser desbordada por el sentimiento. Se examinan las estructuras cerebrales que gobiernan las emociones y cómo aprendemos los hábitos emocionales. La segunda parte examina el papel de los datos neurológicos en la inteligencia emocional, incluyendo la capacidad de controlar los impulsos emocionales y comprender los sentimientos de los demás.

Modelo Ampliado de Ser Inteligente

El modelo ampliado de inteligencia otorga a las emociones un papel central en las aptitudes necesarias para vivir. Se examinan las diferencias fundamentales originadas por este tipo de aptitudes, como ayudar a cuidar las relaciones o cómo su ausencia puede destruirlas. Se discute cómo las fuerzas económicas están poniendo un énfasis sin precedentes en estimular la inteligencia emocional para el éxito laboral, cómo las emociones tóxicas pueden ser peligrosas para la salud física y cómo el equilibrio emocional contribuye a proteger la salud y el bienestar.

La Herencia Genética

La herencia genética dota a cada persona de un bagaje emocional que determina su temperamento, pero los circuitos cerebrales implicados en la actividad emocional son maleables. Las lecciones emocionales aprendidas en la infancia moldean estos circuitos, haciendo a las personas más o menos aptas en el manejo de la inteligencia emocional. La infancia y la adolescencia son una oportunidad para asimilar los hábitos emocionales fundamentales que gobernarán el resto de la vida.

La Suerte Que Aguarda

Se explora el destino de las personas que no logran controlar su mundo emocional, mostrando cómo las deficiencias de la inteligencia emocional aumentan los riesgos, desde la depresión hasta la violencia, los trastornos alimentarios y el abuso de drogas. Se documentan los esfuerzos de escuelas pioneras que enseñan a los niños los principios de la inteligencia emocional. El autor imagina un futuro en el que la educación incluya habilidades como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar.

Parte Uno, El Cerebro Emocional

Se introduce la primera parte del libro, que se centra en el cerebro emocional.

¿Para Qué Sirven Las Emociones?

Se ilustra el poder de las emociones con la historia de un matrimonio que sacrificó sus vidas para salvar a su hija. Desde la biología evolucionista, la autoinmolación parental está al servicio del éxito reproductivo, pero desde la perspectiva de los padres, no existe más motivación que el amor. Los sentimientos, aspiraciones y anhelos constituyen puntos de referencia ineludibles, y la especie humana debe gran parte de su existencia a la influencia de las emociones en los asuntos humanos. Las emociones permiten afrontar situaciones difíciles que no pueden ser resueltas exclusivamente con el intelecto.

Cuando La Pasión Desborda a La Razón

Se presenta la historia de una niña que murió accidentalmente a manos de su padre, quien actuó por miedo al creer que había un intruso en la casa. El miedo, una emoción fundamental para la supervivencia, llevó al padre a disparar antes de identificar el blanco. Aunque las emociones han sido sabias referencias a lo largo de la evolución, las nuevas realidades de la civilización moderna surgen a una velocidad que deja atrás al lento paso de la evolución. Las leyes y códigos éticos son intentos de refrenar la vida emocional, pero la razón a menudo se ve desbordada por la pasión.

Impulsos Para La Acción

Se describe una experiencia personal en la que el miedo salvó la vida del autor al obligarlo a detenerse durante una ventisca. Todas las emociones son impulsos que llevan a actuar, programas de reacción automática con los que la evolución ha dotado a los seres humanos. Cada emoción predispone de un modo diferente a la acción, señalando una dirección que en el pasado permitió resolver los desafíos de la existencia humana. El bagaje emocional tiene un extraordinario valor de supervivencia, confirmado por el hecho de que las emociones se han integrado en el sistema nervioso como tendencias innatas y automáticas.

Distinta Impronta Biológica

La distinta impronta biológica de cada emoción evidencia que cada una desempeña un papel único en el repertorio emocional. El enojo aumenta el flujo sanguíneo a las manos, facilitando el uso de armas o el golpeo, mientras que el miedo retira la sangre de la cara y la dirige a los músculos de las piernas, favoreciendo la huida. La felicidad aumenta la actividad de un centro cerebral que inhibe los sentimientos negativos y aumenta el caudal de energía disponible. El amor activa el sistema nervioso parasimpático, favoreciendo la calma y la satisfacción.

Predisposiciones Biológicas

Las predisposiciones biológicas a la acción son modeladas por las experiencias vitales y el medio cultural. La pérdida de un ser querido provoca universalmente tristeza, pero la forma en que se expresa esa aflicción es moldeada por la cultura. El largo periodo evolutivo durante el cual se moldearon estas respuestas fue el más crudo que ha experimentado la especie humana. Con la invención de la agricultura, las probabilidades de supervivencia aumentaron, pero las brutales presiones que pesaban sobre la especie humana disminuyeron considerablemente.

Nuestras Dos Mentes

Todos los seres humanos tienen dos mentes: una mente que piensa y otra que siente. La mente racional es consciente, pensativa y capaz de ponderar, mientras que la mente emocional es impulsiva y poderosa, aunque a veces ilógica. La dicotomía entre lo emocional y lo racional se asemeja a la distinción popular entre el corazón y la cabeza. Cuanto más intenso es el sentimiento, más dominante se vuelve la mente emocional y más ineficaz la mente racional.

Colaboración Estrecha

La mayor parte del tiempo, las dos mentes operan en estrecha colaboración, entrelazando sus distintas formas de conocimiento para guiar adecuadamente a través del mundo. Habitualmente existe un equilibrio en el que la emoción alimenta y da forma a las operaciones de la mente racional, y la mente racional ajusta y a veces censura las entradas procedentes de las emociones. Pero cuando aparecen las pasiones, el equilibrio se rompe y la mente emocional desborda y secuestra a la mente racional.

Desarrollo Del Cerebro

Para comprender mejor el poder de las emociones sobre la mente pensante y la causa del frecuente conflicto entre los sentimientos y la razón, se considera la forma en que ha evolucionado el cerebro. El cerebro humano ha ido creciendo desde abajo hacia arriba, y los centros superiores constituyen derivaciones de los centros inferiores más antiguos. La región más primitiva del cerebro es el tallo encefálico, que regula las funciones vitales básicas. De este cerebro primitivo emergieron los centros emocionales que dieron lugar al cerebro pensante o neocórtex.

Raíz Más Primitiva

La raíz más primitiva de la vida emocional radica en el sentido del olfato. A partir del lóbulo olfatorio comenzaron a desarrollarse los centros más antiguos de la vida emocional, que luego fueron evolucionando hasta terminar recubriendo por completo la parte superior del tallo encefálico. Con la aparición de los primeros mamíferos, emergieron nuevos estratos fundamentales en el cerebro emocional, rodeando al tallo encefálico a modo de una rosquilla, lo que se denominó sistema límbico.

Transformación Radical

Hace unos 100 millones de años, el cerebro de los mamíferos experimentó una transformación radical, con la aparición del neocórtex, la región que planifica, comprende lo que se siente y coordina los movimientos. El neocórtex del Homo sapiens ha traído consigo todo lo que es característicamente humano, incluyendo el pensamiento, los centros que integran y procesan los datos de los sentidos, y la reflexión sobre el sentimiento. A lo largo de la evolución, el neocórtex permitió un ajuste fino que supuso una enorme ventaja en la capacidad del individuo para superar las adversidades.

Comenzar a Matizar

El nuevo estrato cerebral permitió comenzar a matizar la vida emocional. Las estructuras límbicas generan sentimientos de placer y deseo sexual, pero la aparición del neocórtex permitió el establecimiento del vínculo entre la madre y el hijo, fundamento de la unidad familiar y el compromiso a largo plazo de criar a los hijos. A medida que se asciende en la escala filogenética, aumenta la masa neta del neocórtex, lo que supone una progresión geométrica en el número de interconexiones neuronales.

Centros Superiores

Los centros superiores no gobiernan toda la vida emocional, y en los asuntos decisivos del corazón delegan su cometido en el sistema límbico. Las ramificaciones nerviosas que extendieron el alcance de la zona límbica son tantas que el cerebro emocional sigue desempeñando un papel fundamental en la arquitectura del sistema nervioso. La región emocional es el sustrato en el que creció y se desarrolló el nuevo cerebro pensante, y sigue estando estrechamente vinculado con él por miles de circuitos neuronales.

Anatomía de Un Secuestro Emocional

Se introduce la segunda parte del libro, que trata sobre la anatomía de un secuestro emocional.

Explosiones Emocionales

Las explosiones emocionales constituyen una especie de secuestro neuronal, en el que un centro del sistema límbico declara el estado de urgencia y recluta todos los recursos del cerebro para llevar a cabo su tarea. Este secuestro tiene lugar en un instante y desencadena una reacción decisiva antes de que el neocórtex tenga la posibilidad de darse cuenta de lo que está ocurriendo. El rasgo distintivo de este tipo de secuestros es que, pasado el momento crítico, el sujeto no sabe bien lo que acaba de ocurrir.

Sede de Todas Las Pasiones

La amígdala del ser humano es una estructura relativamente grande en comparación con la de los primates. Existen dos amígdalas que constituyen un conglomerado de estructuras interconectadas en forma de almendra y se hallan encima del tallo encefálico, cerca de la base del anillo límbico. La amígdala está especializada en las cuestiones emocionales y se considera una estructura límbica muy ligada a los procesos del aprendizaje y la memoria.

Depósito de La Memoria Emocional

La amígdala constituye una especie de depósito de la memoria emocional y, en consecuencia, también se la puede considerar como un depósito de significado. Una vida sin amígdala es una vida despojada de todo significado personal. La amígdala no solo está ligada a los afectos, sino que también está relacionada con las pasiones. Aquellos animales a los que se les ha seccionado o extirpado quirúrgicamente la amígdala carecen de sentimientos de miedo y de rabia.

Joseph Ledu

Joseph Ledu, un neurocientífico del Center for Neural Science de la Universidad de Nueva York, fue el primero en descubrir el importante papel desempeñado por la amígdala en el cerebro emocional. Sus descubrimientos sobre los circuitos nerviosos del cerebro emocional han llegado a desarticular las antiguas nociones existentes sobre el sistema límbico, asignando a la amígdala un papel central y otorgando a otras estructuras límbicas funciones muy diversas.

El Repetidor Neuronal

Los momentos más interesantes para comprender el poder de las emociones en la vida mental son aquellos en los que nos vemos inmersos en acciones pasionales de las que más tarde nos arrepentimos. Una de las funciones de la amígdala consiste en escudriñar las percepciones en busca de alguna clase de amenaza. De este modo, la amígdala se convierte en un importante vigía de la vida mental, una especie de sentinela psicológico que afronta toda situación, considerando una sola cuestión: ¿es algo que odio? ¿Es algo a lo que temo?

Arquitectura Cerebral

En la arquitectura cerebral, la amígdala constituye una especie de servicio de vigilancia dispuesto a alertar ante cualquier señal de alarma. En el caso de que suene la alarma de miedo, la amígdala envía mensajes urgentes a cada uno de los centros fundamentales del cerebro, disparando la secreción de las hormonas corporales que predisponen a la lucha o a la huida, activando los centros del movimiento y estimulando el sistema cardiovascular, los músculos y las vísceras.

El Centinela Emocional

Ledu descubrió el papel privilegiado que desempeña la amígdala en la dinámica cerebral como una especie de centinela emocional capaz de secuestrar al cerebro. La primera estación cerebral por la que pasan las señales sensoriales procedentes de los ojos o de los oídos es el tálamo, y a partir de ahí, a través de una sola sinsis, la amígdala. Otra vía procedente del tálamo lleva la señal hasta el neocórtex, el cerebro pensante.

Vías Nerviosas

La investigación realizada por Ledu constituye una auténtica revolución en la comprensión de la vida emocional, que revela por vez primera la existencia de vías nerviosas para los sentimientos que eluden el neocórtex. Este circuito explicaría el gran poder de las emociones para desbordar a la razón, porque los sentimientos que siguen este camino directo a la amígdala son los más intensos y primitivos. Ledu descubrió junto a la larga vía neuronal que va al córtex la existencia de una pequeña estructura neuronal que comunica directamente el tálamo con la amígdala.

Atajo Permite

Este atajo permite que la amígdala sea una especie de almacén de las impresiones y los recuerdos emocionales de los que nunca hemos sido plenamente conscientes. La amígdala puede albergar y activar repertorios de recuerdos y de respuestas que llevamos a cabo sin que nos demos cuenta del motivo por el que lo hacemos, porque el atajo que va del tálamo a la amígdala deja completamente de lado al neocórtex.

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Transcript

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0:00 ¿Por qué algunas personas parecen dotadas de un don especial que les permite vivir bien, aunque no sean las que más se destacan por su inteligencia? ¿Por qué no siempre el alumno más inteligente termina siendo el más exitoso? ¿Por qué unos son más capaces que otros para enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades bajo una óptica distinta? El libro demuestra cómo la inteligencia emocional puede ser fomentada y fortalecida en todos nosotros y cómo la falta de la misma puede influir en el intelecto o arruinar una carrera. La inteligencia emocional nos permite tomar consciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y

0:46 frustraciones que soportamos en el trabajo, acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal. En un lenguaje claro y accesible, Goleman presenta una teoría revolucionaria que ha hecho tambalear los conceptos clásicos de la psicología que daban prioridad al intelecto. La inteligencia emocional. ¿Por qué es más importante que el coeficiente intelectual? El desafío de Aristóteles. Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo, pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito

1:33 justo y del modo correcto, eso ciertamente no resulta tan sencillo. Aristóteles, ética anicóco. Era una bochornosa tarde de agosto en la ciudad de Nueva York, uno de esos días asfixiantes que hacen que la gente se sienta nerviosa y malhumorada. En el camino de regreso a mi hotel, tomé un autobús en la avenida Madison y apenas subí al vehículo me impresionó la cálida bienvenida del conductor. Un hombre de raza negra de mediana edad, en cuyo rostro se esbozaba una sonrisa entusiasta que me obsequió con un amistoso: "¡Hola, ¿cómo está?" un saludo con el que recibía a todos los viajeros que subían al autobús mientras

2:18 este iba serpenteando por entre el denso tráfico del centro de la ciudad. Pero aunque todos los pasajeros eran recibidos con idéntica amabilidad, el sofocante clima del día parecía afectarles hasta el punto de que muy pocos le devolvían el saludo. No obstante, a medida que el autobús reptaba pesadamente a través del laberinto urbano, iba teniendo lugar una lenta y mágica transformación. El conductor inició en voz alta un diálogo consigo mismo dirigido a todos los viajeros en el que iba comentando generosamente las escenas que desfilaban ante nuestros ojos. rebajas en esos grandes almacenes, una hermosa exposición en aquel museo y qué decir de

3:05 la película recién estrenada en el cine de la manzana siguiente. La evidente satisfacción que le producía hablarnos de las múltiples alternativas que ofrecía la ciudad era contagiosa. Y cada vez que un pasajero llegaba al final de su trayecto y descendía del vehículo, parecía haberse sacudido de encima el halo de irritación con el que subía. Y cuando el conductor le despedía con un "Hasta la vista, que tenga un buen día", todos respondían con una abierta sonrisa. "El recuerdo de aquel encuentro ha permanecido conmigo durante casi 20 años. Aquel día acababa de doctorarme en psicología, pero la psicología de entonces prestaba poca o ninguna atención a la forma en que tienen lugar

3:52 estas transformaciones. La ciencia psicológica sabía muy poco, si es que sabía algo sobre los mecanismos de la emoción y a pesar de todo, no cabe la menor duda de que el conductor de aquel autobús era el epicentro de una contagiosa oleada de buenos sentimientos que a través de sus pasajeros se extendía por toda la ciudad. Aquel conductor era un conciliador nato, una especie de mago que tenía el poder de conjurar el nerviosismo y el mal humor que atenazaban a sus pasajeros, ablandando y abriendo un poco sus corazones. Veamos ahora el marcado contraste que nos ofrecen algunas noticias recogidas en los periódicos de la última semana.

4:38 En una escuela local, un niño de 9 años aquejado de un acceso de violencia porque unos compañeros de tercer curso le habían llamado mocoso, vertió pintura sobre pupitres, ordenadores e impresoras y destruyó un automóvil que se hallaba estacionado en el aparcamiento. Ocho jóvenes resultaron heridos a causa de un incidente ocurrido cuando una multitud de adolescentes se apiñaba en la puerta de entrada de un club de rap en Manhattan. El incidente que se inició con una serie de empujones llevó a uno de los implicados a disparar sobre la multitud con un revólver de calibre 38. El periodista subraya el aumento alarmante de estas reacciones desproporcionadas ante situaciones

5:24 nimias que se interpretan como faltas de respeto. Según un informe, el 57% de los asesinatos de menores de 12 años fueron cometidos por sus padres o padrastros. En casi la mitad de los casos, los padres trataron de justificar su conducta aduciendo que lo único que deseaban era castigar al pequeño, cuya falta la mayoría de las veces había consistido en una infracción tan grave como ponerse delante del televisor, gritar o ensuciar los pañales. Un joven alemán es juzgado por provocar un incendio que terminó con la vida de cinco mujeres y niñas de origen turco mientras estas dormían. El joven integrante de un grupo neonazi trató de

6:10 disculpar su conducta aludiendo a su inestabilidad laboral, a sus problemas con el alcohol y a su creencia de que los culpables de su mala fortuna eran los extranjeros. Y con un hilo de voz apenas audible, concluyó su declaración diciendo, "Me arrepentiré toda la vida. Estoy profundamente avergonzado de lo que hicimos." A diario, los periódicos nos acosan con noticias que hablan del aumento de la inseguridad y de la degradación de la vida ciudadana, fruto de una irrupción descontrolada de los impulsos. Pero este tipo de noticias simplemente nos devuelve la imagen ampliada de la creciente pérdida de control sobre las

6:56 emociones que tiene lugar en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean. Nadie permanece a salvo de esta marea errática de arrebatos y arrepentimientos que de una manera u otra acaba salpicando toda nuestra vida. En la última década hemos asistido a un bombardeo constante de este tipo de noticias que constituye el fiel reflejo de nuestro grado de torpeza emocional, de nuestra desesperación y de la insensatez de nuestra familia, de nuestra comunidad y en suma, de toda nuestra sociedad. Estos años constituyen la apretada crónica de la rabia y la desesperación galopantes que bullen en la callada

7:41 soledad de unos niños cuya madre trabajadora los deja con la televisión como única niñera en el sufrimiento de los niños abandonados, descuidados o que han sido víctimas de abusos sexuales y en la mezquina intimidad de la violencia conyugal. Este malestar emocional también es el causante del alarmante incremento de la depresión en todo el mundo y de las secuelas que lo deja tras de sí la inquietante oleada de la violencia. escolares armados, accidentes automovilísticos que terminan a tiros, parados resentidos que masacran a sus antiguos compañeros de trabajo, etcétera. Abuso emocional, heridas de bala y

8:28 estrés posttraumático son expresiones que han llegado a formar parte del léxico familiar de la última década, al igual que el moderno cambio de eslogan, desde el jovial Que tenga un buen día a la suspicacia del Hazme tener un buen día. Este libro constituye una guía para dar sentido a lo aparentemente absurdo. En mi trabajo como psicólogo y en la última década como periodista del New York Times, he tenido la oportunidad de asistir a la evolución de nuestra comprensión científica del dominio de lo irracional. Desde esta privilegiada posición he podido constatar la existencia de dos tendencias contrapuestas. una que

9:14 refleja la creciente calamidad de nuestra vida emocional y la otra que nos parece brindarnos algunas soluciones sumamente esperanzadoras. ¿Por qué esta investigación ahora? A pesar de la abundancia de malas noticias, durante la última década hemos asistido a una eclosión sin precedentes de investigación científica sobre la emoción, uno de cuyos ejemplos más elocuentes ha sido poder llegar a vislumbrar el funcionamiento del cerebro gracias a la innovadora tecnología del escáner cerebral. Estos nuevos medios tecnológicos han desvelado por primera vez en la historia humana uno de los misterios más profundos, el funcionamiento exacto de

10:01 esa intrincada masa de células mientras estamos pensando, sintiendo, imaginando o soñando. Este aporte de datos neurobiológicos nos permite comprender con mayor claridad que nunca la manera en que los centros emocionales del cerebro nos incitan a la rabia o al llanto, el modo en que sus regiones más arcaicas nos arrastran a la guerra o al amor y la forma en que podemos canalizarlas hacia el bien o hacia el mal. Esta comprensión desconocida hasta hace muy poco de la actividad emocional y de sus deficiencias nos pone a nuestro alcance nuevas soluciones para remediar la crisis emocional colectiva. Para escribir este libro he tenido que

10:47 aguardar a que la cosecha de la ciencia fuera lo suficientemente fructífera. Este conocimiento ha tardado tanto porque durante muchos años investigación ha soslayado el papel desempeñado por los sentimientos en la vida mental, dejando que las emociones fueran convirtiéndose en el gran continente inexplorado de la psicología científica. Y todo este vacío ha propiciado la aparición de un torrente de libros de autoayuda llenos de consejos bien intencionados, aunque basados en el mejor de los casos. en opiniones clínicas con muy poco fundamento científico, si es que poseen alguno. Pero hoy en día la ciencia se halla por fin en condiciones de hablar con

11:33 autoridad de las cuestiones más apremiantes y contradictorias relativas a los aspectos más irracionales del siquismo y de cartografiar con cierta precisión el corazón del ser humano. Esta tarea constituye un auténtico desafío para quienes suscriben una visión estrecha de la inteligencia y aseguran que el C, coeficiente o cociente intelectual, es un dato genético que no puede ser modificado por la experiencia vital y que el destino de nuestras vidas se haya en buena medida determinado por esta aptitud. Pero este argumento pasa por alto una cuestión decisiva. ¿Qué cambios podemos llevar a cabo para que a nuestros hijos les vaya

12:18 bien en la vida? ¿Qué factores entran en juego, por ejemplo, cuando personas con un elevado C no saben qué hacer, mientras que otras con un modesto o incluso con un bajo ci lo hacen sorprendentemente bien. Mi tesis es que esta diferencia radica con mucha frecuencia en el conjunto de habilidades que hemos dado en llamar inteligencia emocional. habilidades entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo. Y todas estas capacidades, como podremos comprobar, pueden enseñarse a los niños, brindándoles así la oportunidad de sacar el mejor rendimiento posible al potencial intelectual que les haya

13:05 correspondido en la lotería genética. Más allá de esta posibilidad, puede entreverse un ineludible imperativo moral. Vivimos en una época en la que el entramado de nuestra sociedad parece descomponerse aceleradamente. Una época en la que el egoísmo, la violencia y la mezquindad espiritual parecen socavar la bondad de nuestra vida colectiva. De ahí la importancia de la inteligencia emocional, porque constituye el vínculo entre los sentimientos, el carácter y los impulsos morales. Además, existe la creciente evidencia de que las actitudes éticas fundamentales que adoptamos en la vida se asientan en las capacidades emocionales subyacentes. Hay que tener en cuenta que el impulso

13:51 es el vehículo de la emoción y que la semilla de todo impulso es un sentimiento expansivo que busca expresarse en la acción. Podríamos decir que quienes se hallan a merced de sus impulsos, quienes carecen de autocontrol, adolecen de una deficiencia moral, porque la capacidad de controlar los impulsos constituye el fundamento mismo de la voluntad y del carácter. Por el mismo motivo, la raíz del altruismo radica en la empatía, en la habilidad para comprender las emociones de los demás. Y es por ello por lo que la falta de sensibilidad hacia las necesidades o la desesperación ajenas es una muestra patente de falta de consideración. Y si existen dos actitudes morales que nuestro tiempo

14:37 necesita con urgencia son el autocontrol y el altruismo. Nuestro viaje. El presente libro constituye una guía para conocer todas esas visiones científicas sobre la emoción. Un viaje cuyo objetivo es proporcionarnos una mejor comprensión de una de las facetas más desconcertantes de nuestra vida y del mundo que nos rodea. La meta de nuestro viaje consiste en llegar a comprender el significado y el modo de dotar de inteligencia a la emoción. una comprensión que en sí misma puede servirnos de gran ayuda, porque el hecho de tomar conciencia del dominio de los sentimientos puede tener un efecto similar al que provoca un observador en el mundo de la física cuántica, es

15:24 decir, transformar el objeto de observación. Nuestro viaje se inicia en la primera parte con una revisión de los descubrimientos más recientes sobre la arquitectura emocional del cerebro, que nos explica una de las coyunturas más desconcertantes de nuestra vida, aquella en la que nuestra razón se ve desbordada por el sentimiento. Llegar a comprender las diferentes estructuras cerebrales que gobiernan nuestras ias y nuestros temores o nuestras pasiones y nuestras alegrías puede enseñarnos mucho sobre la forma en que aprendemos los hábitos emocionales que socaban nuestras mejores intenciones, así como también puede mostrarnos el mejor camino para llegar a dominar los impulsos emocionales más destructivos y frustrantes. Y lo más

16:12 importante, todos estos datos neurológicos dejan una puerta abierta a la posibilidad de modelar los hábitos emocionales de nuestros hijos. En la segunda parte, la siguiente parada importante de nuestro recorrido, examinaremos el papel que desempeñan los datos neurológicos en esa aptitud vital básica que denominamos inteligencia emocional. esa disposición que nos permite, por ejemplo, tomar las riendas de nuestros impulsos emocionales, comprender los sentimientos más profundos de nuestros semejantes, manejar amablemente nuestras relaciones o desarrollar lo que Aristóteles denaminó, la infrecuente capacidad de enfadarse con la persona adecuada en el grado exacto, en el momento oportuno,

16:58 con el propósito justo y del modo correcto. Aquellos lectores que no se sientan atraídos por los detalles neurológicos, tal vez quieran empezar el libro directamente por este capítulo. Este modelo ampliado de lo que significa ser inteligente otorga a las emociones un papel central en el conjunto de aptitudes necesarias para vivir. En la tercera parte examinamos algunas de las diferencias fundamentales originadas por este tipo de aptitudes, como por ejemplo ayudarnos a cuidar nuestras relaciones más preciadas o cómo, por el contrario, su ausencia puede llegar a destruirlas. Cómo las fuerzas económicas que moldean

17:43 nuestra vida laboral están poniendo un énfasis sin precedentes en estimular la inteligencia emocional para alcanzar el éxito laboral. Como las emociones tóxicas pueden llegar a ser tan peligrosas para nuestra salud física como fumar varios paquetes de tabaco al día y cómo, por último, el equilibrio emocional contribuye, por el contrario, a proteger nuestra salud y nuestro bienestar. La herencia genética nos ha dotado de un bagaje emocional que determina nuestro temperamento, pero los circuitos cerebrales implicados en la actividad emocional son tan extraordinariamente maleables que no podemos afirmar que el carácter determine nuestro destino. Como muestra la cuarta parte de nuestro

18:30 libro, las lecciones emocionales que aprendimos en casa y en la escuela durante la niñez moldean estos circuitos emocionales tornándonos más aptos o más ineptos en el manejo de los principios que rigen la inteligencia emocional. En este sentido, la infancia y la adolescencia constituyen una auténtica oportunidad para asimilar los hábitos emocionales fundamentales que gobernarán el resto de nuestras vidas. La quinta parte explora cuál es la suerte que aguarda aquellas personas que en su camino hacia la madurez no logran controlar su mundo emocional y de qué modo las deficiencias de la inteligencia emocional aumentan el abanico de posibles riesgos. Riesgos que van desde

19:15 la depresión hasta una vida llena de violencia pasando por los trastornos alimentarios y el abuso de las drogas. Esta parte también documenta extensamente los esfuerzos realizados en este sentido por ciertas escuelas pioneras que se dedican a enseñar a los niños los principios fundamentales de la inteligencia emocional. Quisiera imaginar que algún día la educación incluirá en su programa de estudios la enseñanza de habilidades tan esencialmente humanas como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar. En su ética anicómaco, Aristóteles realiza una indagación filosófica sobre

20:02 la virtud, el carácter y la felicidad, desafiándonos a gobernar inteligentemente nuestra vida emocional. Nuestras pasiones pueden abocar al fracaso con suma facilidad y de hecho así lo hacen en multitud de ocasiones. Pero cuando se hallan bien adiestradas nos proporcionan sabiduría y sirven de guía a nuestros pensamientos, valores y supervivencia. Pero como dijo Aristóteles, el problema no radica en las emociones en sí, sino en su conveniencia y en la oportunidad de su expresión. La cuestión esencial es, ¿de qué modo podremos aportar más inteligencia a nuestras emociones, más civismo a nuestras calles y más afecto a nuestra vida social?

20:48 Parte uno, el cerebro emocional. Uno, ¿para qué sirven las emociones? Solo se puede ver correctamente con el corazón. Lo esencial permanece invisible para el ojo. Antoine de Saintex Superi, el Principito. Ahora los últimos momentos de las vidas de Gary y Mary Jane Chony matrimonio completamente entregado a Andrea, su hija de 11 años, a quien una parálisis cerebral terminó confinando a una silla de ruedas. Los Chon viajaban en el tren anfibio que se precipitó a un río de la región pantanosa de Luisiana después de

21:33 que una barcaza chocara contra el puente del ferrocarril y lo semidestruyera. Pensando exclusivamente en su hija Andrea, el matrimonio hizo todo lo posible por salvarla mientras el tren iba sumergiéndose en el agua y se las arreglaron de algún modo de sacarla a través de una ventanilla y ponerla a salvo en manos del equipo de rescate. Instantes después, el vagón terminó sumergiéndose en las profundidades y ambos perecieron. La historia de Andrea, la historia de unos padres cuyo postrero acto de heroísmo fue el de garantizar la supervivencia de su hija. Refleja unos instantes de un valor casi épico. No cabe la menor duda de que este tipo

22:20 de episodios se habrá repetido en innumerables ocasiones a lo largo de la prehistoria y la historia de la humanidad, por no mencionar las veces que habrá ocurrido algo similar en el dilatado curso de la evolución. Desde el punto de vista de la biología evolucionista, la autoinmolación parental está al servicio del éxito reproductivo que supone transmitir los genes a las generaciones futuras. Pero considerado desde la perspectiva de unos padres que deben tomar una decisión desesperada en una situación límite, no existe más motivación que el amor. Este ejemplar acto de heroísmo parental

23:06 que nos permite comprender el poder y el objetivo de las emociones, constituye un testimonio claro del papel desempeñado por el amor altruista y por cualquier otra emoción que sintamos en la vida de los seres humanos. De hecho, nuestros sentimientos, nuestras aspiraciones y nuestros anhelos más profundos constituyen puntos de referencia ineludibles y nuestra especie debe gran parte de su existencia a la decisiva influencia de las emociones en los asuntos humanos. El poder de las emociones es extraordinario. Solo un amor poderoso, la urgencia por salvar al hijo amado, por ejemplo, puede llevar a unos padres

23:52 a ir más allá de su propio instinto de supervivencia individual. Desde el punto de vista del intelecto, se trata de un sacrificio indiscutiblemente irracional, pero visto desde el corazón constituye la única elección posible. Cuando los sociobiólogos buscan una explicación al relevante papel que la evolución ha asignado a las emociones en el psiquismo humano, no dudan en destacar la preponderancia del corazón sobre la cabeza en los momentos realmente cruciales. Son las emociones, afirman, las que nos permiten afrontar situaciones demasiado difíciles. riesgo, las pérdidas irreparables, la persistencia en el logro de un objetivo a pesar de las frustraciones, la

24:37 relación de pareja, la creación de una familia, etcétera, como para ser resueltas exclusivamente con el intelecto. Cada emoción nos predispone de un modo diferente a la acción. Cada una de ellas nos señala una dirección que en el pasado permitió resolver adecuadamente los innumerables desafíos a que se ha visto sometida la existencia humana. En este sentido, nuestro bagaje emocional tiene un extraordinario valor de supervivencia y esta importancia se ve confirmada por el hecho de que las emociones han terminado integrándose en el sistema nervioso en forma de tendencias innatas y automáticas de nuestro corazón. Cualquier concepción de la naturaleza humana que soslay poder de las emociones pecará de una lamentable miopía. De hecho, a la luz de las

25:24 recientes pruebas que nos ofrece la ciencia sobre el papel desempeñado por las emociones en nuestra vida, hasta el mismo término Homo sapiens, la especie pensante, resulta un tanto equívoco. Todos sabemos, por experiencia propia que nuestras decisiones y nuestras acciones dependen tanto y a veces más de nuestros sentimientos como de nuestros pensamientos. Hemos sobrevalorado la importancia de los aspectos puramente racionales de todo lo que mide el C para la existencia humana. Pero para bien o para mal, en aquellos momentos en que nos vemos arrastrados por las emociones, nuestra inteligencia se ve francamente desbordada. Cuando la pasión desborda a la razón fue una terrible tragedia. Matilda Craptrey,

26:09 una niña de 14 años, quería hacer una broma a sus padres y se ocultó dentro de un armario para asustarles cuando estos después de visitar a unos amigos volvieran a casa pasada la medianoche. Pero Bobby Crabtree y su esposa creían que Matilda iba a pasar la noche en casa de una amiga. Por ello, cuando al regresar a su hogar oyeron ruidos, Crabt no dudó en su pistola, dirigirse al dormitorio de Matilda para averiguar lo que ocurría y dispararle a bocajarro en el cuello apenas esta salió gritando de sorpresa del interior del armario. 12 horas después, Matilda Craptry fallecía. El miedo que nos lleva a proteger del peligro a nuestra familia constituye uno de los legados emocionales con que nos ha dotado la evolución. El miedo fue precisamente el que empujó a Bobby

26:55 Craptree a su pistola y buscar el intruso que creía que merodeaba en su casa. Pero aquel mismo miedo fue también el que le llevó a disparar antes de que pudiera percatarse de cuál era el blanco, antes incluso de que pudiera reconocer la voz de su propia hija. Según afirman los biólogos evolucionistas, este tipo de reacciones automáticas ha terminado inscribiéndose en nuestro sistema nervioso porque sirvió para garantizar la vida durante un periodo largo y decisivo de la prehistoria humana y más importante todavía, porque cumplió con la principal tarea de la evolución, perpetuar las mismas predisposiciones genéticas en la progenie. Sin embargo, a la vista de la tragedia ocurrida en el hogar de los Crabries, todo esto no deja de ser una triste ironía. Pero si bien las

27:41 emociones han sido sabias referencias a lo largo del proceso evolutivo, las nuevas realidades que nos presenta la civilización moderna surgen a una velocidad tal que deja atrás al lento paso de la evolución. Las primeras leyes y códigos éticos, el código de Hamurabi, los 10 mandamientos del Antiguo Testamento o los edictos del emperador Ashoka deben considerarse como intentos de refrenar, someter y domesticar la vida emocional, puesto que, como ya explicaba Freud, en el malestar de la cultura, la sociedad se ha visto obligada a imponer normas externas destinadas a contener la desbordante marea de los excesos emocionales que brotan del interior del individuo. No obstante, a pesar de todas las limitaciones impuestas por la sociedad, la razón se ve desbordada de tanto en

28:27 tanto por la pasión, un imponderable de la naturaleza humana, cuyo origen se asiente en la arquitectura misma de nuestra vida mental. El diseño biológico de los circuitos nerviosos emocionales básicos con los que nacemos no lleva cinco ni 50, sino 50,000 generaciones demostrando su eficacia. Las lentas y deliberadas fuerzas evolutivas que han ido modelando nuestra vida emocional han tardado cerca de un millón de años en llevar a cabo su cometido. Y de estos, los últimos 10,000, a pesar de haber asistido a una vertiginosa explosión demográfica que elevó la población humana de 5 a 5,000 millones, han tenido una escasa repercusión en las pautas biológicas que determinan nuestra vida emocional. Para bien o para mal, nuestras valoraciones y nuestras

29:13 reacciones ante cualquier encuentro interpersonal no son el fruto exclusivo de un juicio exclusivamente racional o de nuestra historia personal, sino que también parecen arraigarse en nuestro remoto pasado ancestral y ello implica necesariamente la presencia de ciertas tendencias que en algunas ocasiones, como ocurrió por ejemplo en el lamentable incidente acaecido en el hogar de los Crap Tries, pueden resultar ciertamente trágicas. Demasiado frecuentemente, en suma, nos vemos obligados a afrontar los retos que nos presenta el mundo postmoderno con recursos emocionales adaptados a las necesidades del pleceno. Este precisamente es el tema fundamental sobre el que versa nuestro libro Impulsos para la acción. Un día de comienzos de primavera, yo me

30:00 hallaba atravesando un puerto de montaña de una carretera de Colorado, cuando de pronto mi vehículo se vio atrapado en una ventisca. La cegadora blancura del remolino de nieve era tal que, por más que entornara la mirada, no podía ver absolutamente nada. Disminuí entonces la velocidad mientras la ansiedad se apoderaba de mi cuerpo y podía escuchar con claridad los latidos de mi corazón. Pero la ansiedad terminó convirtiéndose en miedo y entonces detuve mi coche a un lado de la calzada dispuesto a esperar a que amainase la tormenta. Media hora más tarde dejó de nevar, la visibilidad volvió y pude proseguir mi viaje. unos pocos centenares de metros más abajo. Sin embargo, me vi obligado a

30:47 detenerme de nuevo porque dos vehículos que habían colisionado bloqueaban la carretera mientras el equipo de una ambulancia auxiliaba a uno de los pasajeros. De haber seguido adelante en medio de la tormenta, es muy probable que yo también hubiera chocado con ellos. Tal vez aquel día el miedo me salvara la vida. Como un conejo paralizado de terror ante las huellas de un zorro o como un protoomífero ocultándose de la mirada de un dinosaurio. Me vi arrastrado por un estado interior que me obligó a detenerme, prestar atención y tomar conciencia de la proximidad del peligro. Todas las emociones, en esencia, son impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución. La misma

31:34 raíz etimológica de la palabra emoción proviene del verbo latino movere, que significa moverse, más el prefijo e, significando algo así como movimiento Asia, y sugiriendo de ese modo que en toda emoción hay implícita una tendencia a la acción. Basta con observar a los niños o a los animales para darnos cuenta de que las emociones conducen a la acción. Es solo en el mundo civilizado de los adultos, en donde nos encontramos con esa extraña anomalía del reino animal, en la que las emociones, los impulsos básicos que nos incitan a actuar parecen hallarse divorciadas de las reacciones. La distinta impronta biológica propia de cada emoción evidencia que cada una de

32:20 ellas desempeña un papel único en nuestro repertorio emocional. Béase el apéndice A para mayores detalles sobre las emociones básicas. La aparición de nuevos métodos para profundizar en el estudio del cuerpo y del cerebro confirma cada vez con mayor detalle la forma en que cada emoción predispone al cuerpo a un tipo diferente de respuesta. El enojo aumenta el flujo sanguíneo a las manos, haciendo más fácil empuñar un arma o golpear a un enemigo. También aumenta el ritmo cardíaco y la tasa de hormonas como la adrenalina que generan la cantidad de energía necesaria para acometer acciones vigorosas. En el caso del miedo, la sangre se retira de la cara, lo que explica la palidez y la sensación de quedarse frío

33:08 y fluye a la musculatura esquelética larga, como las piernas, por ejemplo, favoreciendo así la huida. Al mismo tiempo, el cuerpo parece paralizarse, aunque sea por un instante, para calibrar tal vez si el hecho de ocultarse pudiera ser una respuesta más adecuada. Las conexiones nerviosas de los centros emocionales del cerebro desencadenan también una respuesta hormonal que pone al cuerpo en estado de alerta general, sumiéndolo en la inquietud y predisponiéndolo para la acción, mientras la atención se fija en la amenaza inmediata con el fin de evaluar la respuesta más apropiada. Uno de los principales cambios biológicos producidos por la felicidad consiste en el aumento en la actividad de un centro cerebral que se encarga de inhibir los sentimientos negativos y de

33:55 aietar los estados que generan preocupación al mismo tiempo que aumenta el caudal de energía disponible. En este caso no hay cambio fisiológico especial, salvo quizás una sensación de tranquilidad que hace que el cuerpo se recupere más rápidamente de la excitación biológica provocada por las emociones. Esta condición proporciona al cuerpo un reposo, un entusiasmo y una disponibilidad para afrontar cualquier tarea que se esté llevando a cabo y fomentar también de este modo la consecución de una amplia variedad de objetivos. El amor, los sentimientos de ternura y la satisfacción sexual activan el sistema nervioso parasimpático, el opuesto fisiológico de la respuesta de lucha o huida propia del miedo y la ira.

34:43 La pauta de reacción parasimpática ligada a la respuesta de relajación engloba un amplio conjunto de reacciones que involucran a todo el cuerpo y que dan lugar a un estado de calma y satisfacción que favorece la convivencia. El arqueo de las cejas, que aparece en los momentos de sorpresa aumenta el campo visual y permite que penetre más luz en la retina, lo cual nos proporciona más información sobre el evento inesperado, facilitando así el descubrimiento de lo que realmente ocurre y permitiendo elaborar, en consecuencia el plan de acción más adecuado. El gesto que expresa desagrado parece ser universal y transmite el mensaje de que algo resulta literal o metafóricamente repulsivo al gusto o al olfato. La expresión facial de disgusto,

35:31 ladeando el labio superior y frunciendo ligeramente la nariz sugiere, como observaba Darwin, un intento primordial de cerrar las fosas nasales para evitar un olor nauseabbundo o para expulsar un alimento tóxico. La principal función de la tristeza es ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable, como la muerte de un ser querido o un gran desengaño. La tristeza provoca la disminución de la energía y el entusiasmo por las actividades vitales, especialmente las diversiones y los placeres. Y cuanto más se profundiza y se acerca a la depresión, más se enlentece el metabolismo corporal. Este encierro introspectivo nos brinda así la oportunidad de llorar una pérdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias y planear cuando la

36:18 energía regresa un nuevo comienzo. Esta disminución de energía debe haber mantenido tristes y apumbrados a los primitivos seres humanos en las proximidades de su hábitat, donde más seguro se encontraban. Estas predisposiciones biológicas a la acción son modeladas posteriormente por nuestras experiencias vitales y por el medio cultural en que nos ha tocado vivir. La pérdida de un ser querido, por ejemplo, provoca universalmente tristeza y aflicción. Pero la forma en que expresamos esa aflicción, el tipo de emociones que expresamos o que guardamos en la intimidad, es moldeada por nuestra cultura, como también lo es, por ejemplo, el tipo concreto de personas que entran en la categoría de seres queridos. y que por tanto deben ser llorados. El largo periodo evolutivo

37:05 durante el cual fueron moldeándose estas respuestas fue sin duda, el más crudo que ha experimentado la especie humana desde la aurora de la historia. Fue un tiempo en el que muy pocos niños lograban sobrevivir a la infancia, un tiempo en el que menos adultos todavía llegaban a cumplir los 30 años. Un tiempo en el que los depredadores podían atacar en cualquier momento, un tiempo en suma, en el que la supervivencia o la muerte por inanición dependían del umbral impuesto por la alternancia entre sequías e inundaciones. Con la invención de la agricultura, no obstante, las probabilidades de supervivencia aumentaron radicalmente, aún en las sociedades humanas más rudimentarias. En los últimos 10,000 años, estos avances se han consolidado y difundido por todo el mundo, al mismo tiempo que las brutales presiones que pesaban sobre la

37:52 especie humana han disminuido considerablemente. Estas mismas presiones son las que terminaron convirtiendo a nuestras respuestas emocionales en un eficaz instrumento de supervivencia, pero en la medida en que han ido desapareciendo, nuestro repertorio emocional ha ido quedando obsoleto. Si bien en un pasado remoto un ataque de rabia podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte, la facilidad con la que hoy en día un niño de 13 años puede acceder a una amplia gama de armas de fuego ha terminado convirtiendo a la rabia en una reacción frecuentemente desastrosa, nuestras dos mentes. Una amiga estuvo hablándome de su divorcio, un doloroso proceso de separación. Su marido se había enamorado de una compañera de trabajo y un buen día le anunció que quería irse a vivir con ella. A aquel

38:39 momento siguieron meses de amargos altercados con respecto al hogar conyugal, el dinero y la custodia de los hijos. Ahora, pocos meses más tarde, me hablaba de su autonomía y de su felicidad. Ya no pienso en él, decía con los ojos humedecidos por las lágrimas. Eso es algo que ha dejado de preocuparme. El instante en que sus ojos se humedecieron, podía perfectamente haber pasado inadvertido, pero la comprensión empática, un acto de la mente emocional, de sus ojos húmedos, me permitió, más allá de las palabras, un acto de la mente racional, percatarme claramente de su evidente tristeza, como si estuviera leyendo un libro abierto. En un sentido muy real, todos nosotros tenemos dos mentes, una mente que piensa y otra mente que siente. Y estas dos

39:25 formas fundamentales de conocimiento interactúan para construir nuestra vida mental. Una de ellas es la mente racional, la modalidad de comprensión de la que solemos ser conscientes, más despierta, más pensativa, más capaz de ponderar y de reflexionar. El otro tipo de conocimiento, más impulsivo y más poderoso, aunque a veces ilógico, es la mente emocional. Véase el apéndice B para una descripción más detallada de los rasgos característicos de la mente emocional. La dicotomía entre lo emocional y lo racional se asemeja a la distinción popular existente entre el corazón y la cabeza. Saber que algo es cierto en nuestro corazón pertenece a un orden de convicción distinto, de algún modo un tipo de certeza más profundo que pensarlo con la mente racional. Hay una

40:11 proporcionalidad constante entre el control emocional y el control racional sobre la mente, ya que cuanto más intenso es el sentimiento, más dominante llega a ser la mente emocional y más ineficaz, en consecuencia, la mente racional. Esta es una configuración que parece derivarse de la ventaja evolutiva que supuso disponer durante incontables ocasiones de emociones e intuiciones que guiaran nuestras respuestas inmediatas frente a aquellas situaciones que ponían en peligro nuestra vida. situaciones en las que detenernos a pensar en la reacción más adecuada podía tener consecuencias francamente desastrosas. La mayor parte del tiempo, estas dos mentes, la mente emocional y la mente racional, operan en estrecha colaboración, entrelazando sus distintas formas de conocimiento para guiarnos

40:58 adecuadamente a través del mundo. Habitualmente existe un equilibrio entre la mente emocional y la mente racional, un equilibrio en el que la emoción alimenta y da forma a las operaciones de la mente racional y la mente racional ajusta y a veces censura las entradas procedentes de las emociones. En todo caso, sin embargo, la mente emocional y la mente racional constituyen, como veremos, dos facultades relativamente independientes que reflejan el funcionamiento de circuitos cerebrales distintos, aunque interrelacionados. En muchísimas ocasiones, pues, estas dos mentes están exquisitamente coordinadas porque los sentimientos son esenciales para el pensamiento y lo mismo ocurre a la inversa. Pero cuando aparecen las pasiones, el equilibrio se rompe y la

41:43 mente emocional desborda y secuestra a la mente racional. Erasmo, el humanista del siglo XV, describió irónicamente del siguiente modo esta tensión perene entre la razón y la emoción. Júpiter confiere mucha más pasión que razón en una proporción aproximada de 24 a un. Él ha erigido dos irritables tiranos para oponerse al poder solitario de la razón, la ira y la lujuria. La vida ordinaria del hombre evidencia claramente la impotencia de la razón para oponerse a las fuerzas combinadas de estos dos tiranos. Ante ella, la razón hace lo único que puede, repetir fórmulas virtuosas,

42:29 mientras que las otras dos se desgañan de un modo cada vez más ruidoso y agresivo, exhortando a la razón a seguirlas hasta que finalmente esta agotada se rinde y se entrega el desarrollo del cerebro para comprender mejor el gran poder de las emociones sobre la mente pensante y la causa del frecuente conflicto existente entre los sentimientos y la razón. Consideraremos ahora la forma en que ha evolucionado el cerebro. El cerebro del ser humano, ese kilo y pico de células y jugos neurales, tiene un tamaño unas tres veces superior al de nuestros primos evolutivos, los primates no humanos. A lo largo de millones de años de evolución, el cerebro ha ido creciendo desde abajo hacia arriba, por así

43:15 decirlo, y los centros superiores constituyen derivaciones de los centros inferiores más antiguos, un desarrollo evolutivo que se repite, por cierto, en el cerebro de cada embrión humano. La región más primitiva del cerebro, una región que compartimos con todas aquellas especies que solo disponen de un rudimentario sistema nervioso es el tallo encefálico que se halla en la parte superior de la médula espinal. Este cerebro rudimentario regula las funciones vitales básicas como la respiración, el metabolismo de los otros órganos corporales y las reacciones y movimientos automáticos. Mal podríamos decir que este cerebro primitivo piense o aprenda, porque se trata simplemente de un conjunto de reguladores programados para mantener el

44:01 funcionamiento del cuerpo y asegurar la supervivencia del individuo. Este es el cerebro propio de la edad de los reptiles, una época en la que el cicido de una serpiente era la señal que advertía la inminencia de un ataque. De este cerebro primitivo, el tallo encefálico, emergieron los centros emocionales que millones de años después dieron lugar al cerebro pensante o neocórtex, ese gran bulvo de tejidos replegados sobre sí mismo que configuran el extrato superior del sistema nervioso. El hecho de que el cerebro emocional sea muy anterior al racional y que este sea una derivación de aquel revela con claridad las auténticas relaciones existentes entre el pensamiento y el sentimiento.

44:47 La raíz más primitiva de nuestra vida emocional radica en el sentido del olfato o más precisamente en el lóbulo olfatorio, ese conglomerado celular que se ocupa de registrar y analizar los olores. En aquellos tiempos remotos, el olfato fue un órgano sensorial clave para la supervivencia, porque cada entidad viva, ya sea comida, veneno, pareja sexual, predador o presa, posee una identificación molecular característica que puede ser transportada por el viento. A partir del lóbulo olfatorio comenzaron a desarrollarse los centros más antiguos de la vida emocional, que luego fueron evolucionando hasta terminar recubriendo por completo la parte superior del tallo encefálico. En esos estadíos rudimentarios, el

45:34 centro olfatorio estaba compuesto de unos pocos estratos neuronales especializados en analizar los olores. Un estrato celular se encargaba de registrar el olor y de clasificarlo en unas pocas categorías relevantes: comestible tóxico sexualmente disponible, enemigo o comida. Y un segundo estrato enviaba respuestas reflejas a través del sistema nervioso, ordenando al cuerpo las acciones que debía llevar a cabo: comer, vomitar, aproximarse, escapar o cazar. Con la aparición de los primeros mamíferos, emergieron también nuevos estratos fundamentales en el cerebro emocional. Estos estratos rodearon al tallo encefálico a modo de una rosquilla en

46:19 cuyo hueco se aloja el tallo encefálico. A esta parte del cerebro que envuelve y rodea al tallo encefálico se le denominó sistema límbico, un término derivado del latín limbus que significa anillo. Este nuevo territorio neural agregó las emociones propiamente dichas al repertorio de respuestas del cerebro. Cuando estamos atrapados por el deseo o la rabia, cuando el amor nos enloquece o el miedo nos hace retroceder, nos hallamos en realidad bajo la influencia del sistema límbico. La evolución del sistema límbico puso a punto dos poderosas herramientas, el aprendizaje y la memoria. dos avances realmente revolucionarios que permitieron ir más

47:06 allá de las reacciones automáticas predeterminadas y afinar las respuestas para adaptarlas a las cambiantes exigencias del medio, favoreciendo así una toma de decisiones mucho más inteligente para la supervivencia. Por ejemplo, si un determinado alimento conducía a la enfermedad, la próxima vez sería posible evitarlo. Decisiones como la de saber qué ingerir y qué expulsar de la boca seguían todavía determinadas por el olor y las conexiones existentes entre el bulvo olfatorio y el sistema límbico. Pero ahora se enfrentaban a la tarea de diferenciar y reconocer los olores, comparar el olor presente con los olores pasados y discriminar lo bueno de lo malo. Una tarea llevada a

47:54 cabo por el rincéfalo que literalmente significa el cerebro nasal, una parte del circuito límbico que constituye la base rudimentaria del neocórtex, el cerebro pensante. Hace unos 100 millones de años, el cerebro de los mamíferos experimentó una transformación radical que supuso otro extraordinario paso adelante en el desarrollo del intelecto. Y sobre el delgado córtex de dos estratos se asentaron los nuevos estratos de células cerebrales que terminaron configurando el neocórtex, la región que planifica, comprende lo que se siente y coordina los movimientos. El neocórtex del Homo sapiens, mucho mayor que el de cualquier otra especie,

48:40 ha traído consigo todo lo que es característicamente humano. El neocórtex es el asiento del pensamiento y de los centros que integran y procesan los datos registrados por los sentidos. y también agregó al sentimiento nuestra reflexión sobre él y nos permitió tener sentimiento sobre las ideas, el arte, los símbolos y las imágenes. A lo largo de la evolución, el neocórtex permitió un ajuste fino que, sin duda, habría de suponer una enorme ventaja en la capacidad del individuo para superar las adversidades, haciendo más probable la transmisión a la descendencia de los genes que contenían la misma configuración neuronal. La supervivencia de nuestra especie debe

49:25 mucho al talento del neocórtex para la estrategia, la planificación a largo plazo y otras estrategias mentales. Y de él proceden también sus frutos más maduros, el arte, la civilización y la cultura. Este nuevo estrato cerebral permitió comenzar a matizar la vida emocional. Tomemos, por ejemplo, el amor. Las estructuras límbicas generan sentimientos de placer y de deseo sexual, las emociones que alimentan la pasión sexual, pero la aparición del neocórtex y de sus conexiones con el sistema límbico permitió el establecimiento del vínculo entre la madre y el hijo, fundamento de la unidad familiar y el compromiso a largo plazo de criar a los hijos que posibilita el

50:13 desarrollo del ser humano. En las especies carentes de neocórtex, como los reptiles, por ejemplo, el afecto materno no existe y los recién nacidos deben ocultarse para evitar ser devorados por la madre. En cambio, en el ser humano, los vínculos protectores entre padres e hijos permiten disponer de un proceso de maduración que perdura toda la infancia, un proceso durante el cual el cerebro sigue desarrollándose. A medida que ascendemos en la escala filogenética que conduce del reptil al monoresus y desde ahí hasta el ser humano aumenta la masa neta del neocórtex, un incremento que supone también una progresión geométrica en el número de interconexiones neuronales. Y

50:59 además hay que tener en cuenta que cuanto mayor es el número de tales conexiones, mayor es también la variedad de respuestas posibles. El neocórtex permite, pues, un aumento de la sutileza y la complejidad de la vida emocional, como por ejemplo tener sentimientos sobre nuestros sentimientos. La cantidad de interconexiones existentes entre el sistema límbico y el neocórtex es superior en el caso de los primates que al del resto de las especies e infinitamente superior todavía en el caso de los seres humanos. Un dato que explica el motivo por el cual somos capaces de desplegar un abanico mucho más amplio de reacciones y de matices. Mientras que el conejo Resus solo

51:45 dispone de un conjunto muy restringido de respuestas posibles ante el miedo, el neocórtex del ser humano, por su parte, permite un abanico mucho más maleable en el que cabe incluso llamar al 091. Cuanto más complejo es el sistema social, más fundamental resulta esta flexibilidad y no hay mundo social más complejo que el del ser humano. Pero el hecho es que estos centros superiores no gobiernan toda la vida emocional porque en los asuntos decisivos del corazón y más especialmente en las situaciones emocionalmente críticas, bien podríamos decir que delegan su cometido en el sistema límbico. Las ramificaciones nerviosas que extendieron el alcance de

52:30 la zona límbica son tantas que el cerebro emocional sigue desempeñando un papel fundamental en la arquitectura de nuestro sistema nervioso. La región emocional es el sustrato en el que creció y se desarrolló nuestro nuevo cerebro pensante y sigue estando estrechamente vinculado con él por miles de circuitos neuronales. Esto es precisamente lo que le confiere a los centros de la emoción un poder extraordinario para influir en el funcionamiento global del cerebro, incluyendo, por cierto, a los centros del pensamiento. Dos. Anatomía de un secuestro emocional. La vida es una comedia para quienes piensan y una tragedia para quienes sienten.

53:16 Horace Wallb. Era una calurosa tarde de agosto del año 1963, la misma en que el reverendo Martin Luther King Jor pronunciara en Washington aquella famosa conferencia que comenzó con la frase "Hoy tuve un sueño" ante los manifestantes de la marcha en pro de los derechos civiles. Aquella tarde, Richard Robles, un delincuente habitual condenado a 3 años de prisión por los más de 100 robos que había llevado a cabo para mantener su adicción a la heroína y que por aquel entonces se hallaba en libertad condicional, decidió robar por última vez. Según declaró posteriormente, había tomado la decisión de dejar de robar, pero necesitaba desesperadamente dinero

54:03 para su amiga y para su hija de 3 años de edad. El lujoso apartamento del Upper East Side Nueva York que Robles eligió para aquella ocasión pertenecía a dos jóvenes mujeres. Janes Wiyy, investigadora de la revista Newsweek de 21 años y Emily Hofford, de 23 años de edad, y maestra en una escuela primaria. Robles creía que no había nadie en casa, pero se equivocó y una vez dentro se encontró con Wiley y se vio obligado a amenazarla con un cuchillo y amordazarla. Y lo mismo tuvo que hacer cuando, a punto de salir tropezó con Huff. Según contó años más tarde, mientras estaba amordazando a Hoffert, Janes Wiley le aseguró que

54:49 nunca lograría escapar porque ella recordaría su rostro y no cejaría hasta que la policía diera con él. Robles, que se había jurado que aquel sería su último robo, entró entonces en pánico y perdió completamente el control de sí mismo. Luego, en pleno ataque de locura, golpeó a las dos mujeres con una botella hasta dejarlas inconscientes y, dominado por la rabia y el miedo, las apuñaló una y otra vez con un cuchillo de cocina. 25 años más tarde, recordando el incidente, se lamentaba diciendo, "Estaba como loco. Mi cabeza simplemente estalló." Durante todo este tiempo, Robles no ha dejado de arrepentirse de aquel arrebato de violencia. Hoy en día,

55:36 30 años más tarde, sigue todavía en prisión por lo que ha terminado conociéndose como el asesinato de las universitarias. Este tipo de explosiones emocionales constituye una especie de secuestro neuronal. Según sugiere la evidencia, en tales momentos un centro del sistema límbico declara el estado de urgencia y recluta todos los recursos del cerebro para llevar a cabo su impostergable tarea. Este secuestro tiene lugar en un instante y desencadena una reacción decisiva antes incluso de que el neocórtex, el cerebro pensante, tenga siquiera la posibilidad de darse cuenta plenamente de lo que está ocurriendo y mucho menos todavía de decidir si se trata de una respuesta adecuada.

56:22 El rasgo distintivo de este tipo de secuestros es que, pasado el momento crítico, el sujeto no sabe bien lo que acaba de ocurrir. Hay que decir también que estos secuestros no son en modo alguno incidentes aislados y que tampoco suelen conducir a crímenes tan detestables como el asesinato de las universitarias. En forma menos drástica, aunque no por ello menos intensa, se trata de algo que nos sucede a todos con cierta frecuencia. Recuerde, sin ir más lejos, la última ocasión en la que usted mismo perdió la contención y explotó ante alguien, tal vez su esposa, su hijo o el conductor de otro vehículo con una intensidad que retrospectivamente considerada le pareció completamente desproporcionada.

57:07 Es muy probable que aquel también fuera un secuestro, un golpe de estado neural que, como veremos, se origina en la amígdala, uno de los centros del sistema límbico. Pero no todos los secuestros límbicos son tan peligrosos, porque cuando, por ejemplo, alguien sufre un ataque de risa, también se haya dominado por una reacción límbica. Y lo mismo ocurre en los momentos de intensa alegría. Cuando Dan Jensen, tras varios intentos infructuosos de conseguir una medalla de oro olímpica en la modalidad de patinaje sobre hielo, que por cierto había prometido alcanzar en su lecho de muerte a su moribunda hermana, logró finalmente alcanzar su objetivo en la carrera de 1000 m de la olimpiada de invierno de 1994 en Noruega. La excitación y la

57:54 euforia que experimentó su esposa fue tal que tuvo que ser asistida de urgencia por el equipo médico junto a la misma pista de patidaje. La sede de todas las pasiones. La amígdala del ser humano es una estructura relativamente grande en comparación con la de nuestros parientes evolutivos, los primates. Existen en realidad dos amígdalas que constituyen un conglomerado de estructuras interconectadas en forma de almendra, de ahí su nombre, un término que se deriva del vocablo griego que significa almendra y se hallan encima del tallo encefálico, cerca de la base del anillo límbico, ligeramente desplazadas hacia delante. El hipocampo y la amígdala fueron dos

58:40 piezas clave del primitivo cerebro olfativo, que a lo largo del proceso evolutivo terminó dando origen al córtex y posteriormente al neocórtex. La amígdala está especializada en las cuestiones emocionales y en la actualidad se considera como una estructura límbica muy ligada a los procesos del aprendizaje y la memoria. La interrupción de las conexiones existentes entre la amígdala y el resto del cerebro provoca una asombrosa ineptitud para calibrar el significado emocional de los acontecimientos. una condición que a veces se llama ceguera afectiva. A falta de toda carga emocional, los encuentros interpersonales pierden todo su sentido. Un joven cuya amígdala se

59:27 extirpó quirúrgicamente para evitar que sufriera ataques graves, perdió todo interés en las personas y prefería sentarse a solas, ajeno a todo contacto humano. seguía siendo perfectamente capaz de mantener una conversación, pero ya no podía reconocer a sus amigos íntimos, a sus parientes, ni siquiera a su misma madre, y permanecía completamente impasible ante la angustia que les producía su indiferencia. La ausencia funcional de la amígdala parecía impedirle todo reconocimiento de los sentimientos y todo sentimiento sobre sus propios sentimientos. La amígdala constituye, pues, una especie de depósito de la memoria emocional y en consecuencia también se

1:00:13 la puede considerar como un depósito de significado. Es por ello por lo que una vida sin amígdala es una vida despojada de todo significado personal. Pero la amígdala no solo está ligada a los afectos, sino que también está relacionada con las pasiones. Aquellos animales a los que se les ha seccionado o extirpado quirúrgicamente la amígdala carecen de sentimientos de miedo y de rabia. Renuncian a la necesidad de competir y de cooperar. pierden toda sensación del lugar que ocupan dentro del orden social y su emoción se halla embotada y ausente. El llanto, un rasgo emocional típicamente humano, es activado por la amígdala y por una estructura próxima a

1:00:58 ella, el girus singulatus. Cuando uno se siente apoyado, consolado y confortado, esas mismas regiones cerebrales se ocupan de mitigar los hoyosos. Pero sin amígdala ni siquiera es posible el desahogo que proporcionan las lágrimas. Joseph Ledu, un neurocientífico del Center for Neural Science de la Universidad de Nueva York, fue el primero en descubrir el importante papel desempeñado por la amígdala en el cerebro emocional. Ledu forma parte de una nueva hornada de neurocientíficos que, utilizando métodos y tecnologías innovadoras se han dedicado a cartografiar el funcionamiento del cerebro con un nivel de precisión anteriormente desconocido

1:01:43 que pone al descubierto misterios de la mente inaccesibles para generaciones anteriores. Sus descubrimientos sobre los circuitos nerviosos del cerebro emocional han llegado a desarticular las antiguas nociones existentes sobre el sistema límbico, asignando a la amígdala un papel central y otorgando a otras estructuras límbicas funciones muy diversas. La investigación llevada a cabo por Ledu explica la forma en que la amígdala asume el control cuando el cerebro pensante, el neocórtex, todavía no ha llegado a tomar ninguna decisión. Como veremos, el funcionamiento de la amígdala y su interrelación con él, neocórtex constituyen el núcleo mismo de

1:02:29 la inteligencia emocional. El repetidor neuronal. Los momentos más interesantes para comprender el poder de las emociones en nuestra vida mental son aquellos en los que nos vemos inmersos en acciones pasionales de las que más tarde, una vez que las aguas han vuelto a su cauce, nos arrepentimos. ¿Cómo podemos volvernos irracionales con tanta facilidad? Tomemos, por ejemplo, el caso de una joven que condujo durante un par de horas para ir a Boston y almorzar y pasar el día con su novio. Durante la comida, él le regaló un cartel español muy difícil de encontrar y por el que había estado suspirando desde hacía meses, pero todo pareció desvanecerse cuando ella le sugirió que fueran al cine y él respondió que no

1:03:14 podían pasar el día juntos porque tenía entrenamiento de béisbol. Dolida y recelosa, nuestra amiga rompió entonces a llorar, salió del café y arrojó el cartel a un cubo de la basura. Meses más tarde, recordando el incidente, estaba más arrepentida por la pérdida del cartel que por haberse marchado con cajas destempladas. No hace mucho tiempo que la ciencia ha descubierto el papel esencial desempeñado por la amígdala cuando los sentimientos impulsivos desbordan la razón. Una de las funciones de la amíctala consiste en escudriñar las percepciones en busca de alguna clase de amenaza. De este modo, la amígdala se convierte en un importante vigía de la vida mental, una especie de sentinela psicológico que

1:04:00 afronta toda situación, toda percepción, considerando una sola cuestión, la más primitiva de todas. ¿Es algo que odio? ¿Es algo a lo que temo? En el caso de que la respuesta a esta pregunta sea afirmativa, la amígdala reaccionará al momento poniendo en funcionamiento todos sus recursos neurales y cablegrafiando un mensaje urgente a todas las regiones del cerebro. En la arquitectura cerebral, la amígdala constituye una especie de servicio de vigilancia dispuesto a alertar a los bomberos, la policía y los vecinos ante cualquier señal de alarma. En el caso de que, por ejemplo, suene la alarma de miedo, la amíndala envía mensajes urgentes a cada uno de los centros fundamentales del cerebro,

1:04:46 disparando la secreción de las hormonas corporales que predisponen a la lucha o a la huida, activando los centros del movimiento y estimulando el sistema cardiovascular, los músculos y las vísteras. La amígdala también es la encargada de activar la secreción de dosis masivas de noradrenalina, la hormona que aumenta la reactividad de ciertas regiones cerebrales clave, entre las que destacan aquellas que estimulan los sentidos y ponen el cerebro en estado de alerta. Otras señales adicionales procedentes de la amídala también se encargan de que el tallo encefálico inmovilice el rostro en una expresión de miedo, paralizando al mismo tiempo aquellos músculos que no tengan que ver con la situación, aumentando la frecuencia cardíaca y la tensión

1:05:32 sanguínea y enlenteciendo la respiración. Otras señales de la amígdala dirigen la atención hacia la fuente del miedo y predisponen a los músculos para reaccionar en consecuencia. Simultáneamente, los sistemas de la memoria cortical se imponen sobre cualquier otra faceta de pensamiento en un intento de recuperar todo conocimiento que resulte relevante para la emergencia presente. Estos son algunos de los cambios cuidadosamente coordinados y orquestados por la amígdala en su función rectora del cerebro. Véase el apéndice C para tener una visión más detallada a este respecto. De este modo, la extensa red de conexiones neuronales de la amígdala

1:06:19 permite, durante una crisis emocional reclutar y dirigir una gran parte del cerebro, incluida la mente racional. El centinela emocional. Un amigo me contó que hace unos años se hallaba de vacaciones en Inglaterra almorzando en la terraza de un café ubicado junto a un canal. Luego dio un paseo por la orilla del canal cuando de pronto vio a una niña que miraba aterrada el agua. Antes de poder formarse una idea clara y darse cuenta de lo que pasaba, ya había saltado al canal sin quitarse la chaqueta ni los zapatos. Solo una vez en el agua comprendió que la chica miraba a un niño que estaba ahogándose y a quien finalmente pudo

1:07:05 terminar rescatando. ¿Qué fue lo que le hizo saltar al agua antes incluso de darse cuenta del motivo de su reacción? La respuesta, en mi opinión, hay que buscarla en la amígdala. En uno de los descubrimientos más interesantes realizados en la última década sobre la emoción, Ledu descubrió el papel privilegiado que desempeña la amígdala en la dinámica cerebral como una especie de centinela emocional capaz de secuestrar al cerebro. Esta investigación ha demostrado que la primera estación cerebral por la que pasan las señales sensoriales procedentes de los ojos o de los oídos es el tálamo y a partir de ahí y a través de una sola sinsis, la amígdala.

1:07:53 Otra vía procedente del tálamo lleva la señal hasta el neocórtex, el cerebro pensante. Esa ramificación permite que la amígdala comience a responder antes de que el neocórtex haya ponderado la información a través de diferentes niveles de circuitos cerebrales, se aperciba plenamente de lo que ocurre y finalmente emita una respuesta más adaptada a la situación. La investigación realizada por Ledu constituye una auténtica revolución en nuestra comprensión de la vida emocional que revela por vez primera la existencia de vías nerviosas para los sentimientos que eluden el neocórtex. Este circuito explicaría el gran poder de las emociones para desbordar a la

1:08:39 razón, porque los sentimientos que siguen este camino directo a la amígdala son los más intensos y primitivos. Hasta hace poco, la visión convencional de la neurociencia ha sido que el ojo, el oído y otros órganos sensoriales transmiten señales al tálamo y desde ahí a las regiones del neocórtex encargadas de procesar las impresiones sensoriales y organizarlas tal y como las percibimos. En el Neocortex, las señales se interpretan para reconocer lo que es cada objeto y lo que significa su presencia. Desde el neocórtex sostiene la vieja teoría. Las señales se envían al sistema límbico y desde ahí las vías erentes irradian las respuestas apropiadas al

1:09:25 resto del cuerpo. Esta es la forma en la que funciona la mayor parte del tiempo. Pero Ledu descubrió junto a la larga vía neuronal que va al córtex la existencia de una pequeña estructura neuronal que comunica directamente el tálamo con la

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