Transcripción completa de “¿Por qué destruyen millones de libros? Van a reescribir el pasado y un juez ya lo ha autorizado”. Haz clic en una marca de tiempo para abrir el video en ese momento. ¿Necesitas otro video? Usa el generador de transcripciones de YouTube.
0:00 En los últimos días, una noticia ha removido todas las redes por todas partes. Si aún no la has oído, es importante que la tengas presente, porque lo que se está discutiendo ahora mismo en voz alta es la parte más pequeña del asunto. Debajo hay algo bastante más grande. Estamos hablando, sinceramente, de algo tremendo. Empieza del siguiente modo. Un libro sobre el mundo Casteller en Granoers editado en los años 70. Vale 5 € Llevaba dos décadas sin que nadie lo pidiera en una librería de segunda mano en la ciudad de Badalona. Un día alguien lo compra, compra ese y otros tres libros más. 35 € de libros, 67 € de gastos de envío. El librero se queda con la mosca detrás de
0:46 la oreja porque nadie paga el doble del precio del producto para llevárselo a la otra parte del mundo. No es nada habitual y menos si el producto es un volumen sobre una cosa menor o por lo menos con poco interés o que pueda tener poco interés por ahí, que no interesa a nadie fuera de un radio de 20, 30, 40 km. El hombre tira del hilo. El destino es un operador logístico en Estados Unidos y lo que pasa a partir de ahí ya no figura en ninguna factura. Una cortadora hidráulica separa la cubierta del cuerpo del libro. Un escáner de producción pasa las páginas a razón de cientos por minuto y una empresa de reciclaje se lleva lo que queda convertido en pasta de papel. El libro sigue existiendo como archivo digital
1:31 dentro de una empresa privada, pero en papel ya ha dejado de existir. Eso es lo que ha indignado a Media Red esta semana y ciertamente con razón, pero la indignación se ha quedado en la trituradora, que es la parte visible y la menos importante. Sinceramente, lo tremendo está en el documento que autoriza todo esto, una resolución judicial de la que casi nadie ha leído la segunda mitad del documento y en lo que revela además sobre quién decide qué parte del conocimiento humano sigue siendo consultable y qué parte pasa a ser simplemente un activo privado que nadie puede volver a abrir. Quédate porque vamos a examinar por qué el papel viejo, la segunda mano, se ha convertido de golpe en la materia prima más cotizada de la industria tecnológica.
2:19 ¿Qué qué dijo exactamente un juez federal estadounidense para que destruir un libro salga gratis mientras piratearlo cuesta 1500 millones de dólares? ¿Y por qué todo esto? Es la continuación directa, ojo, del vídeo que hicimos sobre quién está borrando internet, sobre ese 38% de la red que ya no existe y todo eso junto hoy lo vamos a tratar. Y recuerda que tienes tres modos de apoyar este canal. comentando y viendo el vídeo hasta el final, suscribiéndote o haciéndote miembro por muy poco. Mi equipo, en todo caso, va a estar encantado con cualquiera de las tres opciones que tomes. Yo también, por cierto. Y por eso vamos a lo de siempre, a lo dicho. No te vayas, que lo de hoy también te interesa.
3:09 El librero se llama Marshall Fon y su librería la Fénix, está en Badalona. No es un caso aislado, eh, ni una anécdota local. Es un ejemplo. Desde finales de abril de este año, una veintena de librerías de segunda mano en España han registrado el mismo patrón. Pedidos automatizados, a veces de de más de 1000 ejemplares de libros totalmente descatalogados, sin presencia ni salida comercial. Y resulta que lo mismo se ha detectado en Alemania, Países Bajos, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia. Pero lo interesante es la selección de esos libros. No buscan primeras ediciones ni piezas de coleccionista ni cosas raras. Buscan un manual técnico de elaboración de vino, actas de un congreso celebrado hace 50 años, dietarios de la guerra civil,
3:56 guías locales, recetarios comarcales, libros de 5 o 10 € que según el propio librero Fontos de encontrar en ningún otro sitio. ¿Qué pasa aquí? La compradora que aparece en la factura es una empresa canadiense, Zoom Books, dedicada formalmente al reciclaje y a la compraventa de libros. tuvo hasta cinco publicaciones en su web explicando la compra de libros de segunda mano para, dicen ellos, alimentar algoritmos y su posterior destrucción y recordando además en su web que por su plataforma se cumplían todos los requisitos legales para poder hacerlo. Ninguna de esas publicaciones sigue hoy disponible. Por cierto, preguntado en este caso esa gente por Publishers Lunch en mayo, la empresa
4:43 negó las acusaciones y afirmó que no digitaliza ni destruye libros para para entrenar a la inteligencia artificial ni para ningún otro fin. Eso es lo que dicen. El patrón lo destapó en Europa ese librero y un investigador técnico catalán, Xavier Vinasha, meses antes, por cierto, de que la historia estallara en Estados Unidos. Bien, sin redacción detrás, sin presupuesto y sin que nadie les hiciera caso durante semanas, ellos insistieron. Por lo tanto, quédate con un nombre, Tom Turby. Más adelante, este tipo va a ser la pieza que resuelve este extraño puzzle, esta historia tan curiosa. Un puzzle que va a sorprenderte y que debería preocuparnos bastante. Pero bueno, eso será dentro de un rato porque de momento nos vamos al muro de datos.
5:30 Para entender por qué un libro sobre Castellés vale más que su precio, hay que entender qué es el data wall, el muro de datos. Los modelos de lenguaje se entrenan con texto, ¿verdad? Han absorbido prácticamente todo lo que ya había en internet. No les queda nada por saber, por mirar, por registrar. Y ahora se encuentran con dos problemas simultáneos. El primero es que internet ya no produce texto nuevo de calidad al ritmo que necesitan. produce, que es el nombre que la industria le ha dado a su propio residuo, es decir, contenido generado en masa por otras máquinas, que es correcto en la forma, pero está vacío en el fondo, está creado por máquinas. El segundo problema es más grave y se llama colapso del modelo. Cuando un sistema se entrena con la
6:17 salida de otro sistema, resulta que cada generación es ligeramente peor que la anterior. Es, para entenderlo, los que tenemos una edad, es una fotocopia de una fotocopia. Se entiende, ¿verdad? De ahí sale una frontera temporal muy concreta, 2022. Todo lo impreso antes de esa fecha está estructuralmente limpio porque no existía la herramienta que contamina, en este caso, la inteligencia artificial generativa. Un intermediario del sector ISBN DB que mantiene una base de datos de más de 110 millones de títulos, ha reorientado su negocio a esto. ofrece a los desarrolladores de inteligencia artificial pedidos de entre 1000 y 1 millón de libros físicos y vende el papel anterior a 2022 como reserva de texto humano sin contaminar.
7:02 Reserva de texto humano sin contaminar. Los acuerdos de confidencialidad van incluidos en ese servicio. En su propia web reconoce que tiene un problema de imagen. Car Polangi en la gran transformación que publicó en 1944 explicaba que el mercado moderno funciona convirtiendo en mercancía cosas que no fueron producidas para ser vendidas. Él lo aplicaba a la tierra, al trabajo, al dinero. Pero aquí tenemos una mercancía ficticia nueva, el conocimiento. El conocimiento acumulado en papel durante el siglo XX, que de repente tiene precio de mercado por el año en el que se imprimió. Fijaros ese detalle porque es muy relevante. Una copia sustituyó a la otra. Ahora vamos al
7:47 papeleo, que es donde está el meollo del asunto, lo serio. En junio de 2025, el juez William Alsup del distrito norte de California resolvió el caso Barts contra Anthropic. Anthropic es la empresa que desarrolla Cloud, una de las IAS más eh potentes. Ahora mismo la resolución tiene dos mitades y casi todo el mundo se queda con la equivocada, sinceramente, porque la primera mitad dice que el tribunal determinó que la empresa se había descargado más de 7 millones de copias de repositorios piratas, Books 3, Library Génesis, Pirate Library Mirror y rechazó el uso legítimo como defensa para construir con ellas una biblioteca permanente. sabía acabó en el mayor acuerdo por derechos de autor de la historia de Estados Unidos y seguramente del mundo. Y ya
8:32 está cerrado. El 20 de julio de este año, la jueza Araceli Martínez Olguín concedió la aprobación definitiva de los 1500 millones de dólares. Son 482,460 obras, unos $100 por obra con un 91,3% de reclamaciones presentadas, 101 millones para los abogades. 53 objeciones desestimadas y ninguna admisión de responsabilidad por parte de la empresa. Bloomsbury, por ejemplo, ha anunciado que le corresponden más de 21 millones por algo por algo más de 14,000 títulos. Por ahí andaría la cosa. Pero hay una segunda mitad de todo esto, la que nadie mira. comprar un libro en papel, cortarle el lomo, escanearlo, tirar el original y quedarse el archivo
9:18 dentro de la empresa. Resulta que es uso legítimo, sin coste. Y el detalle técnico aquí importa mucho porque Alsubo que destruir libros sea aceptable. Dijo que el cambio de formato no aumentaba el número de copias existentes porque cada ejemplar físico se desechaba y el archivo no salía de la empresa. Una copia sustituía a la otra. Admito que leído en frío todo esto, el razonamiento tiene su punto, se sostiene. Pero piénsalo al revés. Si esa empresa hubiera guardado los libros en un almacén, habría habido dos copias de cada obra. El argumento de la sustitución se caería aquí y la defensa se complicaría. La trituradora sostenía ese argumento legal. Pero aquí hay algo
10:05 más, algo que no nos cuentan. digitalizar el mundo. Hasta ahora hemos visto como el mercado silencioso ha convertido el papel descatalogado en materia prima y un tribunal ha convertido su destrucción, resulta que lo ha convertido en la opción legalmente más limpia. Pero aquí hay que preguntarse algo. ¿Qué pasaría si esta operación es literalmente la segunda parte de un proyecto que ya vivimos hace 20 años y que estaba dirigida por la misma persona? Volvamos por un momento a 2004. Vámonos allí. Google anuncia que va a digitalizar todos los libros del mundo. Seguro que si estabas por allí te acuerdas. Firma acuerdos con bibliotecas universidades se lleva los volúmenes prestados, los pasa por un sistema de cámaras
10:51 patentado, no destruyó nada, diseña precisamente todo ello para no dañar la encuadernación y los devuelve a la estantería. La Outors Guild le pone una demanda que dura una década, pero Google la gana y el resultado, con todos sus defectos, es un índice consultable. Puedes buscar dentro de un libro que no has comprado, lo que quieras, ver un fragmento, saber que existe. En febrero de 2024, Anthropic contrata a Tom Torbey. ¿Lo recuerdas? Te dije que este tipo explicaría muchas cosas porque Torby era el responsable de alianzas de aquel proyecto de Google. Según la resolución judicial, el encargo era conseguir todos los libros del mundo. Sí. Sí. El proyecto interno se llamó Panamá. era el proyecto Panamá, un
11:37 documento de planificación ya describía el objetivo como escanear destructivamente todo el fondo bibliográfico mundial y añadía que usaban un nombre en clave para que o por lo menos porque no querían que se supiera que trabajaban en eso. El Washington Post revisó en enero más de 4,000 páginas de documentos desprecintados y ahí aparecen los proveedores. Atención, porque entre ellos está Better World Books y la británica Wall of Books, los lotes de decenas de miles de ejemplares, una propuesta para convertir entre 500,000 y 2 millones de libros en 6 meses. La cortadora hidráulica, la recicladora y decenas de millones de dólares de gasto resultó ser lo mismo. El mismo hombre
12:22 con el mismo encargo 20 años después. La diferencia está en el final del proceso. En 2004, los libros volvían a su estantería y cualquiera podía buscar dentro de ellos desde casa. En 2024, esos libros no vuelven y nadie de fuera puede mirar qué contienen. ¿Y por qué no vuelven? Porque esa es la clave y seguramente el mayor riesgo del enlace roto a la trituradora. ¿Recuerdas el vídeo sobre quién está borrando internet que publiqué hace apenas unos días? Si no lo has visto, te lo enlazo aquí porque es muy relevante, es que es terrorífico. El dato central era que Pure Research Center decía que el 38% de
13:07 las páginas web que existían en 2013 ya no son accesibles. Hablamos de Link Road, de la fragilidad de internet archivas de datos federales, del olvido convertido en servicio de pago y terminábamos con una idea que entonces era una advertencia y ahora empieza a ser un procedimiento operativo. Si la fuente desaparece antes del entrenamiento, la respuesta que te dará la máquina ya no incluirá ese pasado. Lo que ha cambiado ahora en menos de un año es la naturaleza del borrado. Una página web muerta se puede volver a subir, alguien puede tenerlo por ahí. Un archivo perdido puede tener copia. Aquello era degradación con toda su gravedad, pero yo diría que era reversible en parte, ¿no? Imagínate que lo tienes todo en un
13:54 disco duro y la vuelves a subir esa página. Lo que ahora funciona de otra manera es que el material que se compra se selecciona precisamente porque no está en internet, nunca se digitalizó, nunca se indexó y no tiene copia de seguridad en ninguna parte. El proceso, además, es físicamente irreversible porque un libro convertido en pasta de papel ya no puede volver y el contenido no acaba en un archivo público, sino en una biblioteca corporativa interna donde no hay depósito legal, no hay catálogo, ni sala de consulta, ni préstamo interbibliotecario, ni nadie que pueda comprobar qué decía exactamente aquel dietario, por ejemplo, de la guerra civil, aquel acta de aquella reunión, un libro en En una estantería aguanta siglos y se
14:40 puede prestar, consultar, citar, revender, pero dentro de los pesos de un modelo solo lo puede consultar el modelo y lo que sale de ahí llegará ya filtrado, promediado y sin manera de comprobar de dónde viene, porque el original habrá dejado de existir. Aquel 38% medía lo que se había borrado de la memoria digital, pero ahora le está ocurriendo lo mismo a lo que nunca llegó a ser digital y esta vez sin marcha atrás. Lo dijo a Sanch y te lo remarqué en aquel vídeo. Si todo se digitaliza y se elimina el papel, alguien podría borrar parte de lo digitalizado y crear una nueva verdad, inventarse la historia o remarcar lo que le interese a quien dirige este mundo.
15:25 En el mito de la caverna, Platón describe a prisioneros que confunden las sombras proyectadas en una pared con la realidad. Difícilmente podría haber una metáfora más precisa para describir el ecosistema informativo de este siglo XXI, ¿verdad? Los algoritmos que seleccionan y amplifican contenidos que confirman las creencias previas, por ejemplo, de un usuario, generan cámaras de eco perfectas, cavernas digitales donde solo circulan las sombras, las sombras de una realidad filtrada. Y entonces la postverdad, ese término elegido por Oxford como la palabra del año en 2016, es la gran victoria institucional del prisionero de esa caverna. La emoción y la repetición vencen a la evidencia. Y Platón proponía
16:12 la figura del filósofo rey como guardián de la verdad. Pero hoy el debate equivalente gira en torno a quién debe moderar el contenido digital y lo que es peor, quién decide eliminar parte del contenido físico que una vez digitalizado pues puede ser manipulado, borrado, puede desaparecer. El filósofo francés Jan Bodrilar retomó esa intuición en el siglo XX y lo hizo con su concepto de simulacro. En la cultura postmoderna, los signos han reemplazado a la realidad que referenciaban y ahora resulta que estamos ante la preparación del mayor simulacro de la historia, uno en el que la realidad y la verdad la definirá, ojito con esto, el propietario de los datos.
17:00 ¿Quién gana y por qué la indignación llega tan tarde? Nada es tan sencillo como parece, amigos. Buenos y malos casi nunca son claros o se pueden distinguir tan fácilmente porque ahora la parte la que va a molestar a los dos bandos está justo aquí. Antes de repartir culpas, un aviso, porque este tema se está contando, desde mi punto de vista y leyendo lo que leo bastante mal. Está judicialmente documentado que una empresa compró millones de libros y los destruyó tras escanearlos. Bien, lo que circula estos días sobre el mercado actual está mucho menos probado. Sabemos que ISBNDB ofrece el servicio. No sabemos quiénes son sus clientes ni cuántos pedidos se han cerrado. Hay un
17:46 librero de Houston, Charlie Becker, que investigó un pedido sospechoso de 70 libros y concluyó tras sus averiguaciones, que su comprador probablemente hacía arbitraje de precios entre plataformas, no a copio de datos. Y en la documentación revisada, de momento, no hay todavía ni un título raro identificado de una empresa que se vincule a la inteligencia artificial o que haya comprado y destruido todo ello, pero la indignación va por delante de la prueba de momento y eso siempre acaba beneficiando al que tiene abogados. ¿Y quién gana con esto? Es la pregunta, porque no es solo un laboratorio. Aquí gana también, obviamente, el librero que liquida un stock inmóvil desde hace años. Ahí lo tiene que no vamos y que incluso algunos
18:32 lo han dicho abiertamente que ganan algo con todo esto. Gana el intermediario que cobra por la opacidad y conviene mirarse al espejo porque esos libros llevaban décadas sin comprador. Eh, la conversación sobre su valor patrimonial ha empezado el día en que apareció alguien dispuesto a pagar por ellos. Seamos realistas. El derecho de autor no protege el conocimiento, hace contabilidad de ejemplares y Alsub aplicó la norma correctamente. Utilizó una copia por otra sin infringir nada. Todo lo que se ha volatilizado en esa operación, el acceso, la posibilidad de verificar, no estaba dentro del perímetro de la ley porque nunca se pensó que hiciera falta protegerlo. Y este es el detalle, ojo con el detalle, porque aquella resolución es de un
19:17 juzgado de distrito, no de apelación. Y como las partes acabaron pactando, sus conclusiones no se revisaron nunca en una segunda instancia. Es un precedente que nadie ha validado y que toda la industria está citando constantemente para justificar lo que están haciendo. En Europa tenemos una directiva, la del Mercado Único Digital de 2019, que permite a los titulares de derechos excluir sus obras de la minería de textos y datos. Para un autor muerto en 1974, cuyo editor ya no existe, ese mecanismo de exclusión es puro decorado. Y mientras tanto, sí hay quien ha elegido la vía limpia, porque Harvard con Google, Microsoft liberó incluso cerca de un millón de libros de dominio público digitalizados en 254 idiomas y
20:03 no destruyó ninguno. Pero que no nos engañen, ¿eh? Porque fijaos, nadie recuerda una guerra. Recuerda el pan que faltó aquel mes, el nombre del vecino que se fue y no volvió, lo que costaba una aroba de trigo en un pueblo concreto. La historia grande se escribe mucho después y se escribe con esas cosas, con actas de congresos a los que fueron 30 personas, con libros de cuentas, con dietarios que nadie leyó nunca, con manuales de oficios que ya no existen. A mí me gusta mucho la historia bucear en cosas por ahí, encontrar detalles. El conocimiento funciona por sedimento, millones de fragmentos minúsculos que por separado no valen 5 € y que juntos son lo único que nos permite saber lo que ocurrió de verdad en un momento determinado. Eso es lo que
20:49 se está comprando ahora y se está comprando al peso. La arenilla del fondo, no la gran biblioteca, a quien la compra, no la quiere ahora mismo para consultarla, la quiere para que su sistema pueda hablar con la autoridad de haberlo leído todo mientras el papel se convierte simplemente en pasta. Y ahí está el asunto de verdad. Cuando la única copia de algo vive dentro de un sistema privado, el propietario de ese sistema no tiene la información, tiene la versión. Y una versión sin original que la contradiga es lo más parecido a una verdad absoluta que ha existido nunca, porque ya no queda nada con la que puedas compararla. La memoria social de un país deja de ser un patrimonio y pasa a ser un inventario, propiedad de quien pagó el envío. No te voy a pedir que salves nada, solo
21:38 te voy a pedir una cosa, que sepas que ese estante del fondo de esa biblioteca, de esa librería que nadie mira, ya tiene precio de mercado y que hay archivos comarcales, bibliotecas municipales y proyectos de digitalización abierta que llevan años pidiendo justo eso que ahora una empresa de California paga sin discutir. Durante siglos hemos discutido de quién es cada copia. Nadie escribió nunca la casilla que dice quién responde de que el original siga existiendo. Alguien ha encontrado ese hueco y lo ha hecho antes que nosotros. Lo está usando legalmente a la vista de todos, sin pudor. Y ya sabemos lo que cuesta la memoria de una sociedad para algunos. Simplemente 5 € la unidad más gastos de
22:25 envío. Tenemos que decir que no. Seguimos.