Transcripción completa de “Mi Marido Me Vio Entrar con Otro Hombre… y Esperó Antes de Enfrentarme | Esposa Infiel”. Haz clic en una marca de tiempo para abrir el video en ese momento. ¿Necesitas otro video? Usa el generador de transcripciones de YouTube.
0:00 Mi marido estaba a menos de 20 metros cuando hombre me agarró de la cintura y me dijo al oído que aquella noche no podía volver a dejarlo plantado. Yo no sabía que Andrés estaba allí. Él tampoco sabía todavía quién era aquel hombre, pero vio como le aparté la mano demasiado tarde, como miré alrededor antes de responder y como después entré con él por una puerta lateral de un edificio donde yo había dicho que jamás había estado. Esa misma noche regresé a casa creyendo que Andrés seguía trabajando en Tarragona. Me abrió la puerta el mismo. Todo ocurrió un jueves de octubre en Zaragoza y si Andrés no hubiera terminado antes una inspección, probablemente yo habría seguido mintiendo durante bastante más
0:46 tiempo. Esa mañana me había preguntado qué iba a hacer después del trabajo y le dije que cenaría con Clara, una compañera de la oficina que él conocía. Era una excusa cómoda porque Clara realmente había quedado conmigo, solo que durante media hora y por un motivo completamente distinto al que Andrés imaginaba. Lo que no le dije fue que después pensaba encontrarme con Sergio en un antiguo local de ensayos convertido en salas privadas que un amigo suyo alquilaba por horas para reuniones, clases de música y pequeños eventos. No era un hotel, ni un apartamento turístico, ni un sitio donde alguien esperaría descubrir una aventura. Estaba en una calle secundaria cerca de
1:31 las fuentes, encima de un taller de reparación de motocicletas, con una entrada estrecha entre una frutería y una tienda de repuestos. Precisamente por eso Sergio lo había elegido. Yo llegué poco después de las 8. Clara se había marchado 10 minutos antes y yo había caminado dos calles para encontrarme con Sergio. Habíamos quedado en la esquina porque él no quería dejar su coche justo delante del edificio. Cuando apareció, me preguntó por qué tenía aquella cara. Porque esto me parece una estupidez. Llevas diciéndome lo mismo dos semanas y sigue siendo verdad. Sergio sonrió. ¿Pero has venido?
2:18 No respondí. Aquello era exactamente lo que más me molestaba de él, porque tenía razón con demasiada frecuencia. Yo llevaba semanas poniendo límites y cruzándolos después. Primero había sido tomar café, luego quedarnos hablando dentro de su coche, después besarle. A continuación prometer que no se repetiría. Después repetirlo, Sergio dio un paso hacia mí. ¿Vas a volver a irte después de 20 minutos? No pises. Laura, ayer me dijiste que hoy tendríamos tiempo. También tengo marido. Eso ya lo sabía cuando empezaste esto.
3:04 Aquella frase me hizo mirar hacia la calle. No porque sintiera de repente una gran culpa, sino porque escuchar la palabra marido allí delante de otra persona me hizo sentir expuesta. Sergio me rodeó la cintura. No puedes volver a dejarme plantado esta noche. Le aparté la mano. No hagas eso. Aquí no hay nadie. Si había alguien. Andrés acababa de aparcar una furgoneta de empresa al otro lado de la calle. Yo no lo vi. Más tarde me contó que al principio tampoco estaba seguro de que fuera yo. Había terminado una revisión en una instalación industrial casi dos horas antes de lo previsto y uno de sus
3:50 compañeros le pidió que dejara unos documentos en un taller de la zona. Andrés conocía mi abrigo. También reconoció mi forma de caminar. Lo que no entendía era por qué estaba allí si yo supuestamente cenaba con Clara en el centro. Según me dijo después, pensó incluso en llamarme. No lo hizo. Se quedó dentro de la furgoneta y observó. Sergio abrió la puerta del portal. Yo entré delante de él. Antes de hacerlo, me giré para mirar la calle. Fue ese gesto el que cambió todo para Andrés. No, el abrazo, no que estuviera con otro hombre. Fue verme comprobar que nadie
4:37 conocido estaba mirando. Andrés conocía esa calle porque trabajaba ocasionalmente con el taller de abajo. Sabía que encima no había viviendas. Sabía que las habitaciones superiores se alquilaban para actividades privadas porque uno de sus clientes había organizado allí unas jornadas de formación. Durante los siguientes 40 minutos estuvo intentando encontrar una explicación que no significara lo que parecía. Después entró en el taller. El dueño Mateo lo conocía. Hombre Andrés ¿qué haces por aquí? Acabo de dejar unos papeles cerca. Hablaron un poco. Andrés
5:22 preguntó casi de manera casual si seguían alquilando las salas de arriba. Mateo le dijo que sí. Esta noche creo que solo está ocupada la tres. Andrés preguntó quién la había reservado. Mateo consultó una hoja impresa que tenía junto al ordenador. Un tal Sergio Vidal. Andrés conocía ese nombre. No personalmente lo había escuchado de mí. Meses antes, yo había mencionado a Sergio durante una cena porque había empezado a trabajar con nuestra empresa como comercial externo. Después había dejado de mencionarlo. Andrés salió del taller sin subir. Eso fue importante.
6:08 Durante mucho tiempo pensé que lo peor habría sido que abriera aquella puerta y nos encontrara juntos. Ahora sé que habría sido más fácil porque lo que hizo fue esperar. 47 minutos. Cuando Sergio y yo salimos, Andrés seguía dentro de la furgoneta. Sergio salió primero. Yo aparecí casi un minuto después. No caminamos juntos. Ese detalle tampoco ayudó. Si hubiéramos estado haciendo algo completamente normal, no habría existido ninguna necesidad de salir separados. Sergio se marchó hacia su coche. Yo fui hasta una parada de taxi.
6:53 Andrés dejó que me fuera. No me siguió. No me llamó. Ni siquiera regresó inmediatamente a casa. Yo llegué alrededor de las 10:30. Abrí con mi llave y encontré el recibidor oscuro. Pensé que Andrés todavía estaba fuera. Dejé el bolso sobre un mueble, me quité el abrigo y fui hacia la cocina. Entonces encendió la luz. Andrés estaba sentado a la mesa. No tenía la televisión puesta, no estaba cenando. Delante de él había dos vasos de agua. ¿Qué tal, Clara? Preguntó. Noté comomo se me tensaban los hombros.
7:39 Bien. Andrés señaló la silla frente a él. Siéntate. Estoy cansada. Laura no levantó la voz. Eso me inquietó más. Me senté. Él me observó durante varios segundos. ¿Dónde habéis cenado? Yo ya tenía preparada la respuesta. Cerca de Plaza San Miguel. ¿Qué restaurante? Dije el nombre de uno al que Clara y yo habíamos sido otras veces. Andrés asintió. Y después, nada, hemos tomado algo y me he vuelto. Otra pausa. ¿A qué hora se ha ido Clara?
8:26 Mi cabeza empezó a trabajar demasiado rápido. No sé. Sobre las 9:30. Andrés bajó la mirada hacia sus manos. Qué raro. Qué cosa que Clara me haya llamado a las 8:15 preguntándome si estabas conmigo. Me quedé inmóvil. Era mentira. Yo todavía no lo sabía, pero Clara nunca lo había llamado. Andrés estaba probándome. ¿Te llamó? Sí. Pues se habrá confundido. Andrés levantó los ojos. Entonces, dime otra vez. donde estabas a las 8:15. Ya no respondí inmediatamente
9:12 y ese retraso fue suficiente. Andrés se levantó y caminó hacia la encimera. He estado en las fuentes esta tarde. Sentí un golpe seco en el estómago y he visto a una mujer que se parecía mucho a ti. No dije nada. Entraba en un edificio con un hombre. Pues no era yo. Andrés se volvió. También he visto cómo salías. Ahí entendí que no estaba preguntando. Me estaba dando una oportunidad y aún así cometí el peor error posible. Estás confundido. Andrés me miró durante unos segundos sin hablar.
9:57 Después soltó una risa breve, sin humor. Perfecto. Cogió las llaves de la mesa. ¿Dónde vas? A comprobar hasta dónde eres capaz de seguir con esto. Andrés ya estaba abriendo la puerta. ¿Qué vas a comprobar? Se detuvo. Mañana te lo cuento. Y salió. Yo me quedé en la cocina mirando los dos vasos de agua. intentando averiguar que podía descubrir en una sola noche. A las 6:12 de la mañana siguiente, Andrés volvió a casa con una carpeta marrón debajo del brazo y me pidió que no fuera a trabajar. A las 6:12 de la mañana, Andrés dejó la
10:43 carpeta marrón sobre la mesa de la cocina, se quitó la chaqueta y me dijo que llamara al trabajo porque aquel viernes no iba a entrar. Yo llevaba despierta desde las 4, aunque había fingido dormir cada vez que escuchaba un coche en la calle. Y cuando lo vi regresar con la misma ropa del día anterior, entendí que no había pasado la noche dando vueltas sin rumbo. Había hecho algo concreto y eso me preocupó más que cualquier grito. Le pregunté dónde había estado y me contestó que primero quería escucharme a mí, pero esta vez no me preguntó por Clara, ni por la cena falsa, ni por el edificio de las fuentes. se sentó frente a mí, apoyó los antebrazos en la mesa y me pidió que le contara desde cuando conocía realmente a
11:30 Sergio. Yo intenté mantener la misma versión porque todavía pensaba que podía limitar lo ocurrido a una reunión incómoda con un compañero. Así que expliqué que Sergio trabajaba con nuestra empresa, que habíamos hablado algunas veces y que la noche anterior me había pedido ayuda con un asunto relacionado con un cliente. Andrés esperó a que terminara y luego me preguntó por qué un asunto de trabajo necesitaba una sala privada alquilada durante 2 horas y una salida por separado. Yo respondí que no sabía cómo funcionaban aquellas salas y que Sergio había elegido el lugar. Pero Andrés no discutió la explicación, abrió la carpeta, sacó una copia de una hoja y la puso delante de mí. Era el registro de
12:16 reserva de local con la hora de entrada, la hora prevista de salida y el nombre completo de Sergio Vidal. Junto al nombre aparecía escrito a mano reunión personal, dos asistentes. Andrés había vuelto al edificio después de dejarme marchar. Había esperado a que cerrara el taller y había convencido a Mateo para que le enseñara el registro porque sospechaba que alguien estaba usando aquellas salas para una actividad relacionada con su empresa. No me gustó que hubiera mentido para conseguirlo, pero en ese momento resultaba ridículo indignarme por su método. Le pregunté que esperaba demostrar con una reserva que no decía mi nombre y Andrés me miró de una manera que me hizo entender que aquella hoja era solo el
13:01 principio. Sacó después un recibo de un bar situado a unos 400 m del edificio fechado el lunes anterior a las 7:38 de la tarde. Yo reconocí el establecimiento antes de leerlo completo porque Sergio y yo habíamos estado allí después del trabajo, sentados en una mesa exterior donde habíamos compartido una ración de croquetas y dos cervezas, mientras yo decía que aquella sería la última vez que quedaríamos fuera de la oficina. Andrés explicó que después de salir del local de las fuentes había conducido hasta la zona donde Sergio solía aparcar cuando visitaba nuestra empresa. No encontró su coche, pero vio un sobre con el logotipo de aquel bar tirado junto a la acera y recordó que yo había
13:48 llevado a casa una bolsa del mismo sitio unos días antes, diciendo que Clara había pedido comida para varias compañeras. Era una coincidencia pequeña, pero decidió llamar al establecimiento cuando abrió el servicio de desayunos. Preguntó si emitían duplicados de recibos para gastos de empresa y dio la matrícula de Sergio porque algunas consumiciones pagadas con una tarjeta corporativa quedaban asociadas al vehículo en las notas internas del comercial. El encargado no quiso entregarle nada al principio, aunque sí confirmó que Sergio había estado varias veces durante ese mes acompañado por una mujer. Cuando Andrés describió mi abrigo base y mi pelo, el hombre respondió que probablemente hablaban de la misma
14:34 persona porque recordaba que yo había pedido siempre cerveza sin alcohol. Me enfadé y le dije que aquello no demostraba una relación, porque tomar algo con un compañero no significaba acostarse con él. Y Andrés respondió que él tampoco había pronunciado esa palabra todavía. Fue entonces cuando cometí otro error, porque me apresuré a decir que jamás había estado a solas con Sergio fuera de lugares públicos. Y Andrés apartó la carpeta hacia un lado antes de preguntarme por un almacén vacío en cuarte de huera, sentí que la cara se me calentaba. Sergio había llevado allí unas muestras dos semanas antes y yo había ido con él porque supuestamente necesitábamos comprobar un pedido que había llegado
15:19 incompleto. El almacén pertenecía a un antiguo cliente que estaba trasladando su actividad y durante casi una hora no hubo nadie más. Allí nos besamos por segunda vez y allí Sergio intentó avanzar más de lo que yo estaba dispuesta a permitir. Yo me marché enfadada, pero no porque quisiera terminar aquello, sino porque me había asustado la rapidez con la que estaba dejando de reconocer mis propias decisiones. Andrés no sabía exactamente qué había ocurrido dentro, aunque sabía que yo había estado allí porque aquella noche había hablado con un compañero suyo llamado Rubén, quien casualmente trabajaba en una instalación situada en la nave contigua. Rubén había visto mi coche aparcado
16:05 frente al almacén y me había reconocido cuando salí junto a Sergio. No dijo nada entonces porque supuso que era un asunto de trabajo, pero cuando Andrés lo llamó durante la madrugada y preguntó directamente si me había visto alguna vez con aquel hombre, recordó la fecha, la hora aproximada y que Sergio había cerrado la persiana metálica mientras ambos estábamos dentro. Le dije a Andrés que sí, que había estado allí, pero que seguía sin probar nada más que varias reuniones que yo había ocultado porque sabía que le parecerían mal. Andrés me preguntó si Sergio me había besado y yo tardé demasiado en responder. Después me preguntó si yo había besado a Sergio y volví a quedarme callada.
16:50 La diferencia entre las dos preguntas me dejó sin una salida cómoda. Si decía que Sergio había empezado todo, podía presentarme como alguien que había reaccionado tarde a una situación inesperada, pero si admitía que yo también lo había buscado, entonces ya no podía fingir que aquello me había ocurrido sin querer. Andrés repitió la pregunta con la misma voz tranquila y terminé diciendo que sí, que nos habíamos besado dos veces, que no había llegado más lejos y que pensaba cortar la relación. Él se levantó, caminó hasta la ventana y permaneció allí varios segundos antes de preguntarme por qué, si pensaba terminar, había entrado la noche anterior en otra sala privada con Sergio.
17:36 No respondí porque cualquier explicación habría sido una mentira nueva. Andrés regresó a la mesa y abrió por fin la parte inferior de la carpeta, donde había tres hojas impresas que yo no reconocí al principio. Eran fotografías tomadas desde cierta distancia en un aparcamiento del recinto ferial fechada se días antes. En la primera aparecía Sergio apoyado en su coche. En la segunda aparecía yo llegando. En la tercera estábamos los dos dentro del vehículo y mi mano estaba sobre su nuca mientras nos besábamos. Le pregunté quién había hecho aquellas fotos y Andrés respondió que no había sido él. Entonces sacó una cuarta hoja, la dejó
18:21 delante de mí y me explicó que durante la madrugada había descubierto que alguien más llevaba semanas observándonos. En aquella última imagen no aparecíamos Sergio y yo, aparecía Andrés entrando en nuestra casa. La fotografía de Andrés entrando en nuestra casa había sido tomada cuatro noches antes el interior de un coche estacionado frente al portal. Y cuando le pregunté quién podía estar vigilándolo, él no respondió enseguida porque todavía estaba mirando mi reacción. me explicó que había encontrado las imágenes gracias a Rubén, el compañero que me había visto salir del almacén con Sergio. Después de hablar con Andrés durante la madrugada, Rubén recordó algo que entonces le había parecido irrelevante.
19:08 Un hombre llevaba varios días preguntando por Sergio en dos empresas de la zona y enseñando una fotografía suya. Rubén consiguió su número a través del encargado de una de aquellas naves. Andrés lo llamó y terminó reuniéndose con él en una cafetería abierta durante toda la noche cerca de la estación de Delicias. El hombre se llamaba Marcos Vidal y era el hermano mayor de Sergio. No estaba investigando una infidelidad ni intentando protegerme a mí. Estaba intentando averiguar por qué Sergio había vuelto a relacionarse con una mujer que podía complicarle un proceso de separación que todavía no estaba cerrado. Y cuando Andrés pronunció mi nombre, Marcos entendió que la mujer casada que había visto varias veces era
19:54 yo. Las fotografías no las había hecho un detective, sino el mismo, porque llevaba semanas siguiendo su hermano después de descubrir que Sergio estaba utilizando dinero de una cuenta compartida con su exmujer, alquileres de salas y desplazamientos que luego justificaba como gastos profesionales. Andrés puso el dedo sobre la foto donde aparecía entrando en casa y me explicó que Marcos había seguido a Sergio hasta nuestra calle dos veces. La primera no ocurrió nada porque Sergio simplemente pasó por allí y continuó conduciendo. La segunda vez se detuvo a pocos metros de nuestro portal durante casi 10 minutos, justo después de que Andrés entrara. Yo recordé inmediatamente aquella tarde
20:41 porque Sergio me había llamado desde abajo para decirme que bajara 5 minutos y yo me había negado porque Andrés acababa de llegar. No se lo conté. Andrés me preguntó entonces si Sergio conocía nuestra dirección y respondí que probablemente la había visto en unos documentos de la empresa, pero él negó con la cabeza porque mi dirección particular no aparecía en ningún documento al que Sergio tuviera acceso. Volvió a preguntármelo y terminé admitiendo que se la había dado yo unas semanas antes cuando Sergio quiso enviarme un libro que habíamos comentado durante una comida. Andrés se quedó mirándome y me preguntó si me parecía normal que un hombre con el que supuestamente solo había cometido dos besos estuviera esperando frente a
21:27 nuestra casa cuando mi marido estaba dentro. Le dije que yo tampoco sabía que había venido aquella tarde hasta que me llamó y esa parte era verdad, aunque ya nada de lo que decía sonaba limpio. "Quiero que lo llames", dijo Andrés. "Ahora." Ahora mismo le pregunté para qué y me respondió que quería escuchar cómo hablábamos cuando Sergio no sabía que él estaba presente. Me negué al principio porque aquello me parecía una encerrona y Andrés contestó que podía negarme si quería, pero entonces recogería algunas cosas, se marcharía y a partir de ese momento cualquier conversación entre nosotros sería a través de un abogado. no gritó ni golpeó la mesa y
22:13 precisamente por eso entendí que no estaba amenazándome para asustarme. Había tomado una decisión provisional y me estaba dejando una única oportunidad de cambiarla. Marqué el número de Sergio desde el teléfono fijo porque Andrés no quería que pudiera ver mi nombre antes de contestar. Sergio respondió después de cuatro tonos y preguntó quién era. Le dije que era yo y su voz cambió inmediatamente. Pensaba que no ibas a llamar después de ayer. Tenemos que hablar. Eso dijiste ayer antes de irte. Andrés no apartaba los ojos de mí. Sergio, quiero que dejemos esto. Hubo un silencio breve.
22:59 Otra vez. Aquellas dos palabras fueron suficientes para destruir la versión que todavía intentaba mantener. Andrés levantó lentamente la barbilla. Sergio continuó. Laura, llevas diciendo que quieres dejarlo desde la primera vez que viniste a cuarte y siempre acabas volviendo. Intenté interrumpirlo, pero Andrés levantó una mano para que siguiera. No quiero seguir hablando de esto por teléfono, dije. Pues ven esta tarde y lo hablamos como adultos, porque ayer te fuiste después de decirme que necesitabas unos días y ahora vuelves con lo mismo. Andrés se acercó al teléfono. no va a ir esta tarde.
23:44 Sergio guardó silencio. ¿Quién eres? Su marido. La llamada cambió por completo. Sergio dejó de utilizar aquel tono confiado y empezó a decir que todo se estaba interpretando mal, que entre nosotros había existido una atracción, pero que yo había puesto límites y que él nunca había querido destruir ninguna relación. Andrés le preguntó si había estado conmigo en el almacén de cuarte, en el aparcamiento del recinto ferial y en la sala de las fuentes. Sergio respondió que sí a las tres cosas. Después, Andrés hizo una pregunta que yo no esperaba y en Calatayud sentí que se me cerraba el estómago.
24:30 Sergio tardó demasiado. Andrés me miró. ¿Qué pasó en Calatayud, Laura? Le dije que no sabía de qué hablaba. Sergio seguía al otro lado de la línea. Andrés, esto deberíais hablarlo vosotros. Te he hecho una pregunta sencilla. Sergio finalmente contestó que había viajado a Calatayut por trabajo tres semanas antes y que yo había ido con él porque teníamos que revisar un pedido de un cliente. Eso era cierto, pero solo en parte. El cliente existía y la visita también. Lo que no le había contado a Andrés era que terminamos el trabajo antes del mediodía y no regresamos inmediatamente
25:15 a Zaragoza. Pasamos casi 5 horas juntos en una casa rural que pertenecía a un amigo de Sergio y que estaba vacía aquella semana. No necesitaba decir que había sucedido allí para que Andrés lo entendiera. Mi silencio lo confirmó antes de que pudiera inventar otra explicación. Andrés colgó sin despedirse. Después recogió las fotografías, el registro de local y el resto de los papeles con una calma que me puso más nerviosa que cualquier discusión. Intenté acercarme, pero me pidió que permaneciera donde estaba. Le dije que había sido una vez, que lo de Calatayud había ocurrido una sola vez y que desde entonces yo había intentado
26:01 terminar con Sergio. Andrés me preguntó entonces por qué había vuelto a quedar con él tres veces después de aquella fecha. No pude responder sin admitir algo que hasta ese momento había evitado decir incluso en voz alta. Yo no estaba atrapada en una situación que no sabía detener. Había seguido tomando decisiones porque quería mantener aquello mientras todavía conservaba mi matrimonio. Andrés abrió un cajón, sacó una libreta y escribió una dirección. A las 6 vamos a ir aquí. Miré el papel. Era la dirección de la casa de los padres de Sergio. ¿Por qué? Andrés guardó la libreta en el bolsillo. Porque Sergio te ha mentido casi tanto
26:47 como tú a mí. y quiero que escuches lo que su hermano me contó esta noche antes de decidir qué voy a hacer contigo. Entonces añadió que Marcos no estaba siguiendo a Sergio solamente por dinero. Había otra mujer casada en aquellas fotografías y no era yo. A las 6:10, Andrés aparcó frente a una casa baja de ladrillo en una calle tranquila de Utebo y apagó el motor sin mirarme. Durante todo el trayecto desde Zaragoza apenas había hablado y yo tampoco insistí porque sabía que cualquier intento de explicarme iba a sonar como otra maniobra. Antes de bajar me preguntó una sola cosa, si Sergio me había dicho alguna vez que seguía viendo a su exmujer.
27:32 Contesté que no. Andrés asintió, abrió la puerta y caminó hacia la entrada. nos recibió Marcos, el hermano de Sergio, un hombre de unos cuarent y tantos años que se parecía a él lo suficiente como para incomodarme. Nos hizo pasar a un comedor pequeño donde estaban sentados sus padres y una mujer a la que yo no conocía. Ella tendría mi edad, quizá un poco menos. Cuando me vio entrar, dejó de hablar. Andrés se quedó de pie y me dijo que aquella era Elena, la mujer con la que Sergio llevaba manteniendo otra relación desde hacía meses. Elena estaba casada también, no conmigo, evidentemente, pero su marido trabajaba
28:17 en Pamplona entre semana y regresaba los viernes. Sergio aprovechaba precisamente esos días para verla. Yo tardé unos segundos en entender lo que aquello significaba porque hasta entonces, aunque suene absurdo, había pensado en Sergio como alguien que había elegido complicarse conmigo. Descubrir que yo era una de varias mujeres no alivió lo que había hecho a Andrés, solo eliminó de golpe una de las mentiras que yo utilizaba para justificarme. Marcos colocó varias fotografías sobre la mesa. En una aparecía Sergio entrando en un gimnasio de Zaragoza con Elena. En otra estaban comiendo juntos en una terraza de Tudela dos semanas antes de mi viaje a Calatayud.
29:03 En otra aparecía él dejando una bolsa de viaje en el coche de ella. Marcos explicó que había empezado a seguirlo porque Sergio estaba gastando dinero de una cuenta que todavía compartía con su exmujer Patricia y porque sospechaba que estaba ocultando ingresos durante la separación. Cuando revisaron ciertos movimientos, encontraron pagos pequeños repetidos en sitios distintos y después aparecieron reservas de espacios privados, comidas y combustible. Su familia no quería meterse en sus relaciones, pero sí querían evitar que Patricia denunciara un intento de ocultar patrimonio. Elena dijo entonces que Sergio le había asegurado que estaba prácticamente divorciado, que yo era una compañera
29:49 obsesionada con él y que llevaba meses intentando mantener distancia conmigo. Me quedé mirándola porque Sergio me había contado exactamente lo contrario. Según él, Elena era una antigua clienta que no aceptaba que entre ellos nunca hubiera pasado nada. Andrés soltó una risa seca y dijo que por fin había algo en lo que Sergio había sido coherente, porque a cada mujer le había contado que la otra estaba interesada en él. En ese momento, Sergio llegó a la casa. No sabía que nosotros estábamos allí. Entró hablando desde el pasillo, preguntó por qué había tantos coches fuera y se quedó detenido cuando nos vio alrededor de la mesa. Primero miró a Marcos, después a
30:34 Elena y finalmente a mí. Su cara cambió cuando encontró a Andrés de pie junto a la ventana. Intentó marcharse, pero su padre cerró la puerta antes de que llegara al recibidor y le dijo que se sentara. Sergio respondió que aquello era ridículo, que nadie tenía derecho a organizar una especie de juicio familiar. Y Andrés le contestó que podía irse cuando quisiera, aunque antes quería devolverle algo. Sacó del bolsillo una llave pequeña y la dejó sobre la mesa. Yo reconocí el llavero de inmediato porque pertenecía al trastero que alquilábamos Andrés y yo en Zaragoza. Sergio la miró sin entender. Yo sí entendí enseguida.
31:20 Meses antes había dejado una copia en mi bolso después de sacar unas cajas y durante uno de nuestros encuentros, Sergio la había visto. Me preguntó para qué era y yo se lo conté. Nunca se la entregué, pero una semana después la llave desapareció. Yo pensé que la había perdido. Andrés explicó que aquella madrugada, antes de volver a casa, había ido al trastero porque quería comprobar si faltaba algo. Encontró las herraduras sin daños, pero dentro había dos cajas abiertas y una mochila que no era nuestra. En la mochila había una camiseta de Sergio, artículos de aseo, una botella de colonia y un sobre con recibos.
32:05 Sergio había utilizado nuestro trastero como punto de paso porque sabía que yo podía entrar sin levantar sospechas y porque el edificio no tenía vigilancia constante. Lo peor no fue eso. Dentro de una de nuestras cajas donde Andrés guardaba herramientas y documentos antiguos, Sergio había escondido un pequeño estuche con varias copias de llaves de pisos, garajes y locales. Marcos reconoció una de inmediato porque correspondía al apartamento de Patricia. Elena reconoció otra de la oficina donde trabajaba. Yo me quedé mirando aquel montón de llaves mientras Andrés explicaba que había sacado fotografías de todo antes de retirar únicamente la copia de nuestro trastero y cerrar de nuevo.
32:52 Sergio empezó a decir que estaba exagerando, que aquellas llaves tenían explicaciones y que nadie podía demostrar que hubiera entrado en ningún sitio sin permiso. Andrés respondió que no pensaba demostrar nada en aquel comedor, porque esa parte se la dejaría a quienes correspondiera. que alguno de los propietarios decidía denunciar. Después hizo algo que no esperaba. Sacó de una bolsa mi chaqueta, una bolsa de deporte y una caja pequeña con varias cosas que yo había dejado en el trastero y las puso a mis pies. Me dijo que esa era la primera parte de su decisión. Había cambiado el bombín del trastero esa misma mañana. había retirado todo lo que me pertenecía y había cancelado mi
33:38 autorización de acceso. También había hablado con el propietario del piso donde vivíamos porque el contrato estaba a su nombre desde antes de casarnos. No podía echarme legalmente de casa de un día para otro y él lo sabía, pero había preparado una habitación en casa de su hermana y quería que yo durmiera allí durante los próximos días mientras decidíamos qué hacer con el matrimonio. Le pregunté si aquello era su venganza y Andrés negó con la cabeza. No, esto es separar mis cosas de tus decisiones. No levantó la voz, pero me dolió más escuchar eso que cualquier insulto. Después miró a Sergio y añadió que su verdadera respuesta empezaría el lunes
34:23 porque había pasado la mañana hablando con un abogado y con el gerente de mi empresa. Sergio palideció al escucharlo segundo. Yo también, porque nuestra relación no solo había ocurrido fuera del trabajo. Habíamos utilizado desplazamientos, horarios y recursos de la empresa para vernos y Andrés tenía suficientes fechas para demostrarlo. Cuando salimos de aquella casa, pensé que iríamos directamente a casa de su hermana. Andrés, sin embargo, condujo de vuelta hacia Zaragoza y tomó la salida que llevaba a mi oficina. Entonces me dijo que mi gerente nos estaba esperando. Cuando Andrésa parcó frente a mi oficina, eran casi las 9 de la noche y
35:09 todas las persianas del edificio estaban bajadas, menos las de administración. Mi gerente Víctor nos esperaba dentro con la directora financiera y una carpeta abierta sobre la mesa de reuniones. No me gustó ver aquella carpeta porque reconocí algunos justificantes de kilometraje y varias hojas de gastos firmadas por mí. Durante las semanas en que había estado viendo a Sergio, él y yo habíamos aprovechado desplazamientos que realmente existían, pero habíamos alargado horarios, cambiado rutas y presentado algunas comidas como reuniones comerciales. No habíamos robado grandes cantidades ni inventado clientes, aunque en ese momento entendí que esa diferencia no iba a protegerme demasiado.
35:57 Víctor no empezó acusándome de tener una relación con Sergio. Me preguntó por tres fechas concretas por qué un viaje a Calatayud había durado casi 9 horas cuando el cliente confirmó que la reunión terminó antes de mediodía. ¿Por qué había probado dos comidas de Sergio que no correspondían a visitas registradas? ¿Y por qué una sala alquilada en las fuentes figuraba como presentación técnica cuando ninguna persona de nuestra empresa había asistido a una presentación allí? Miré a Andrés y comprendí que aquella era la parte tangible de su respuesta. No quería humillarme delante de desconocidos ni publicar nuestra vida. Había tomado mis propias mentiras, las había ordenado por fechas y las había
36:42 llevado exactamente al lugar donde podían tener consecuencias reales. Víctor me dejó hablar y yo intenté separar el matrimonio del trabajo, pero cuanto más explicaba, peor quedaba. Admití que había utilizado horas laborales para ver a Sergio y que algunos gastos estaban relacionados con encuentros personales, aunque insistí en que no había falsificado importes ni obtenido dinero para mí. La directora financiera dijo que eso lo decidirían después de revisar todos los movimientos y que hasta entonces quedaba suspendida de funciones con sueldo pendiente de la investigación interna. Sergio recibiría la misma comunicación a través de su empresa porque nuestros contratos exigían informar de cualquier
37:28 uso irregular de recursos compartidos. Andrés no dijo una palabra durante toda la reunión. Cuando salimos, me giré hacia él en el aparcamiento y le pregunté si se sentía satisfecho. Él me miró con cansancio y respondió que no había sentido satisfacción ni una sola vez desde que me vio entrar en aquel edificio con Sergio. Le dije que llevar todo a mi trabajo era innecesario, que podía haber hablado conmigo sin poner en riesgo mi empleo. Y entonces Andrés me recordó que yo había usado ese empleo como cobertura precisamente porque confiaba en que nadie mezclaría ambas cosas. No tenía una respuesta que no sonara hipócrita. Fuimos a casa de su hermana Marta, pero
38:14 Andrés no entró conmigo. Sacó mi bolsa del maletero y me dijo que necesitaba dormir en nuestra casa porque al día siguiente tenía que trabajar. Le pregunté cuando volveríamos a hablar y me contestó que el domingo por la tarde era viernes. Dos días no parecían mucho, pero durante aquellas 48 horas entendí varias cosas que hasta entonces había evitado mirar directamente. Sergio intentó llamarme seis veces desde números diferentes. No respondí. Clara me escribió diciendo que Víctor había preguntado por mis horarios de las últimas semanas. Tampoco respondí. Marta fue correcta conmigo sin fingir que no sabía lo ocurrido y esa cortesía
39:02 me resultó más incómoda que una discusión. El sábado por la tarde me dejó sola en su piso porque tenía un compromiso familiar y aproveché para escribir en un cuaderno todas las veces que había mentido a Andrés durante ese mes. No las razones, porque ya estaba cansada de razones, solo los hechos. Mentí sobre una comida. Mentí sobre el almacén. Mentí sobre Calatayud. Mentí al regresar de las fuentes. Utilicé el nombre de Clara. Dejé que Sergio conociera nuestra dirección. Permití que utilizara un trastero relacionado con nuestra casa sin que Andrés supiera nada. Cuando terminé
39:48 ocupaba más de una página. El domingo, Andrés llegó a las 5:30 y pidió que habláramos en un pequeño parque junto al canal imperial, en una zona donde solíamos caminar algunas tardes porque quedaba cerca de casa de Marta. No eligió un restaurante ni nuestra casa y agradecí que no hubiera ninguna mesa entre nosotros. Caminamos durante varios minutos antes de que él preguntara si yo quería seguir casada. Contesté que sí. Andrés me pidió entonces que explicara por qué y aquella pregunta fue mucho más difícil de responder que cualquier acusación. Le dije que seguía queriéndolo, que había actuado de una manera egoísta y que no esperaba que confiara en mí
40:34 inmediatamente. Él respondió que querer seguir casada ahora no explicaba por qué había arriesgado el matrimonio repetidas veces cuando todavía lo tenía. Le dije que con Sergio había sentido atención, novedad y una sensación absurda de estar fuera de mi shutinas. Andrés me preguntó si él me había negado algo que yo hubiese pedido durante esos años. Tuve que decir que no. Me preguntó si yo había intentado hablar con él antes de buscar esa atención fuera. Volví a decir que no. Entonces, no me digas que faltaba algo entre nosotros y nunca me diste la oportunidad de saber que tú creías que faltaba. No respondí de inmediato porque tenía
41:19 razón. Seguimos caminando y Andrés me explicó cómo había pasado del desconcierto a la rabia y después de la rabia a una tristeza mucho más práctica. La noche que me vio con Sergio había querido entrar detrás de nosotros, sacarme de allí y exigir respuestas delante de cualquiera que estuviera presente. No lo hizo porque sabía que al día siguiente habría lamentado actuar así. También había pensado en llamar a todos nuestros amigos, contarles lo ocurrido y dejar que yo explicara mi conducta una docena de veces. Tampoco lo hizo. Lo único que llevó adelante fue proteger sus cosas. revisar los usos laborales que me habían servido de cobertura y hablar con un abogado
42:04 para saber qué ocurriría si decidía separarse. Me dijo que la venganza que realmente le había apetecido al principio habría terminado perjudicándolo también a él y que no estaba dispuesto a convertir mi infidelidad en una excusa para hacer algo estúpido. Le pregunté si ya había decidido divorciarse. Andrés se detuvo. He decidido que el matrimonio que teníamos terminó cuando empezaste a organizar tu vida para que yo no supiera dónde estabas. Le pregunté si eso significaba que no existía ninguna posibilidad. Significa que no voy a prometerte una reconciliación porque tengas miedo de perderme. Aquello fue la primera cosa que me hizo llorar durante toda la conversación,
42:50 aunque intenté seguir hablando con normalidad. Le pregunté qué quería hacer entonces. Andrés dijo que durante las siguientes dos semanas viviríamos separados, que yo podría volver al piso cuando él estuviera trabajando para recoger lo que necesitara y que ninguno de los dos tomaría decisiones económicas importantes sin informar al otro. Después tendríamos una última conversación con toda la información de la investigación laboral y con el asesoramiento legal que ambos quisiéramos buscar. Si yo quería intentar salvar algo, tendría que cortar cualquier contacto con Sergio, responder con sinceridad a lo que Andrés necesitara saber y aceptar que él podía decidir igualmente marcharse.
43:36 Acepté. Andrés empezó a caminar de nuevo, pero antes de despedirnos sacó un sobre del bolsillo de la chaqueta. me explicó que había llegado a nuestra casa aquella mañana y que estaba dirigido a mí. En la esquina superior izquierda figuraba el nombre de Patricia Vidal, la exmujero. El sobre de Patricia estuvo cerrado durante casi una hora porque no quería abrirlo delante de Andrés y tampoco quería llevarlo conmigo a casa de Marta sin saber qué contenía. Al final nos sentamos en un banco apartado junto al canal y rompí el borde con el dedo. Dentro había cuatro hojas y una copia de una factura. Patricia no me insultaba ni intentaba hacerme sentir peor de lo que ya me
44:22 sentía. Eso habría sido más fácil de soportar. Escribía de forma directa y explicaba que Sergio llevaba más de un año usando el mismo sistema con mujeres distintas. Primero se presentaba como un hombre separado que había tenido mala suerte. Después convertía conversaciones laborales en conversaciones personales y finalmente buscaba lugares donde pudiera reunirse sin dejar reservas a su nombre. Patricia había descubierto tres relaciones durante el proceso de separación, aunque no sabía si habían existido más. También decía algo que me obligó a releer dos veces. Sergio no había iniciado todavía el divorcio. Llevaban meses separados, de hecho, pero él seguía diciéndole que quería arreglar
45:09 el matrimonio mientras hablaba conmigo y con Elena. La factura adjunta correspondía a la casa rural de Calatayud. No estaba a nombre de un amigo suyo, como me había dicho. Sergio había pagado allí varias estancias en fechas diferentes, siempre utilizando la misma cuenta que todavía compartía con Patricia. Andrés leyó las hojas cuando se las entregué y después me preguntó qué pensaba hacer. Durante la semanas anteriores, yo habría dicho que necesitaba hablar con Sergio para entender por qué me había mentido, pero aquella tarde no sentí ninguna necesidad de escucharlo. Todo lo importante ya estaba delante de mí. Sergio me había engañado, sí, pero
45:55 utilizar eso para reducir mi responsabilidad habría sido otra forma de mentir. Nadie me obligó a subir a su coche. Nadie me obligó a ir a Calatayud y nadie me obligó a mirar a Andrés a la cara después de volver a casa y contarle una historia diferente. Le dije que no pensaba volver a hablar con Sergio. Andrés respondió que cortar el contacto no arreglaba lo que había ocurrido entre nosotros y yo le dije que lo sabía. Después le pedí que me acompañara a nuestra casa porque quería devolverle algo que llevaba conmigo desde hacía días. Era mi copia de las llaves del piso. Él no me las había pedido, pero yo ya no soportaba conservarlas como si pudiera entrar cuando quisiera en una
46:40 casa donde cada habitación le recordaba que yo había utilizado su confianza para ocultarle cosas. Durante las dos semanas siguientes no hubo reconciliación, ni escenas de perdón, ni conversaciones nocturnas que terminaran con nosotros abrazados. Hubo trámites. La empresa terminó su investigación y me comunicó una sanción grave junto con la obligación de devolver varios gastos que no habían correspondido a actividad laboral. Conservé el empleo porque no encontraron apropiación de dinero ni falsificación documental directa, pero me retiraron temporalmente funciones relacionadas con proveedores y desplazamientos. La empresa de Sergio canceló su colaboración con la nuestra después de
47:25 revisar sus propios gastos y por lo que supe a través de Víctor, él también perdió varios clientes. Andrés no celebró ninguna de esas consecuencias. Cuando se lo conté, se limitó a preguntarme si ya había pagado lo que debía. Esa manera de reaccionar terminó de hacerme entender que su venganza nunca había consistido en destruirme. Había querido impedir que yo siguiera utilizando una estructura compartida, nuestra casa, nuestros recursos y mi trabajo para sostener algo que él desconocía. Las consecuencias habían salido de mis propias decisiones. Nuestra última conversación ocurrió el 30 de octubre, 22 días después de la primera mentida que Andrés consiguió
48:12 desmontar. Quedamos en el piso porque necesitábamos revisar cuentas, seguros y algunos gastos comunes. Cuando terminé de anotar todo, me preguntó si quería decir algo antes de hablar del matrimonio. Le dije que sí. No le pedí otra oportunidad de inmediato le expliqué que durante aquellos días había intentado encontrar una explicación que me hiciera quedar menos mal y que siempre terminaba en el mismo punto. Yo había querido dos vidas incompatibles al mismo tiempo. Quería conservar a Andrés, nuestra casa, y la seguridad de saber quién estaría conmigo al final del día. Pero también quería la atención de Sergio y la posibilidad de hacer algo que Andrés no conociera.
48:59 Había convertido mi matrimonio en la parte estable que esperaba encontrar intacta después de cada mentira. Andrés me escuchó sin interrumpirme. ¿Y ahora qué quieres? Preguntó. Quiero que no tomes una decisión por pena. Eso no responde. Quiero seguir contigo, pero entiendo que tú puedas no querer seguir conmigo. Andrés apoyó las manos sobre la mesa y tardó bastante antes de contestar. Durante los primeros días quería que sintieras exactamente lo que yo sentía. Pensé cosas bastante desagradables. Quería que perdieras el trabajo, que Sergio te dejara tirada, que todos supieran lo que habías hecho y que
49:44 después vinieras a pedirme ayuda. Cuando empecé a hacer llamadas, me di cuenta de que si seguía pensando así, acabaría tomando decisiones solo para hacerte daño. No quería convertirme en eso. Le pregunté entonces si todavía me quería. Sí, pero querer a alguien no significa que pueda vivir como si no supiera lo que hizo. No discutí. Entonces, dime qué has decidido. Andrés respiró despacio antes de responder. Voy a pedir la separación. Sentí que me temblaban las manos, así que las escondí debajo de la mesa. Le pregunté si era definitiva y me dijo que no quería prometer nada para el futuro
50:30 porque sería injusto para los dos. Durante seis meses viviríamos separados. Cada uno tendría sus cuentas organizadas y acudiríamos a mediación únicamente para resolver asuntos prácticos. Si después de ese tiempo él quería iniciar el divorcio, lo haría. Si quería hablar de otra posibilidad, también sería una decisión nueva, no una continuación automática de lo que habíamos tenido. No quiero que me esperes como si esto fuera una prueba añadió. Haz tu vida. Yo voy a hacer la mía. No intenté negociar. Esa noche recogí las últimas cajas que quedaban en el armario. Andrés me ayudó a bajarlas al coche
51:15 porque una pesaba demasiado. Fue un gesto pequeño y precisamente por eso me afectó. Seguía siendo capaz de ayudarme incluso mientras me pedía que saliera de su vida cotidiana. Antes de irme le pregunté si lamentaba haber descubierto todo. Andrés negó con la cabeza. Lamento que hubiera algo que descubrir. Esa fue nuestra última conversación como marido y mujer viviendo bajo el mismo techo. No sé si dentro de 6 meses estaremos firmando un divorcio o hablando otra vez en una mesa parecida. Lo único que sé es que aquel mes terminó con Andrés viviendo solo en nuestro piso y conmigo alquilando una habitación cerca del trabajo mientras devolvía gastos. Reconstruía horarios y aprendía
52:03 a no pedir que alguien confiara en mí solo porque yo deseaba que lo hiciera. Durante mucho tiempo pensé que el peor momento sería el día en que Andrés me descubriera. Me equivoqué. El peor momento fue entender que cuando finalmente dejó de vigilarme, de hacer preguntas y de comprobar mis versiones, no significaba que hubiera vuelto a confiar. Significaba que ya no necesitaba saber dónde estaba. M.